Home
"Una actriz es fotografiada por algunos seguidores de la industria porno en EE.UU. GYI / Archivo" (La Vanguardia)

“Una actriz es fotografiada por algunos seguidores de la industria porno en EE.UU. GYI / Archivo” (La Vanguardia)

Los representantes de la industra pornográfica estadounidense decretaron la suspensión de las filmaciones a raíz de la detección de un caso de infección por VIH, según relata la prensa de estos días. Cabe preguntar si esto de suspender las filmaciones es como el minuto de silencio, lleno de dolor para unos, lleno de complicidades y mala consciencia para los demás. Ese silencio que no sabemos como llenar representa inadvertidamente la falta dejada por la muerte de alguien, o nuestra propia impotencia ante una catástrofe, pero también es el silencio de los culpables. Ese minuto de duelo a posteriori es el minuto de atención que antes no hubo, son los segundos que tardamos en tomar un rumbo distintos si no estuviéramos aletargados.

Quién calla otorga, y suspender las filmaciones es callar no solo ante las autoridades sanitarias, con su peculiar visión oficialmente equivocada – no por desinformada sino por moralizante – sino que es callar también ante las reivindicaciones del colectivo de ex-actores y sobre todo ex-actrices de The Pink Cross, víctimas de una frontera cada vez más imperceptible entre trabajo y violación.

The Pink Cross, al igual que Aprosex en España, no deja de ser el sindicato que las grandes organizaciones sindicales no quieren reconocer ni han querido crear, y que hoy por hoy estas asociaciones de trabajadoras sexuales tampoco pueden reconocer como representantes válidos de sus intereses. Estructuralmente, las organizaciones sindicales son jerárquicas, tradicionalistas y patriarcales: sus órganos funcionan como aparatos partidarios, sus luchas son conservadoras y sus altos cargos son hombres blancos heterosexuales, es decir, los usuarios-tipo del trabajo sexual directo (prostitución), los lectores-modelo de su versión mediatizada para consumo individual (porno).

Curiosamente, en Barcelona, una de las calles que solían ser más frecuentadas por prostitutas y clientes da la espalda a la sede de UGT, una de esas intersindicales. Son mundos que se dan necesariamente la espalda porque los sindicatos quedaron huérfanos de sus luchas al prostituir los intereses de sus afiliados durante amenos tiberios con la patronal, mientras un discurso abolicionista subvencionado a menudo por el Estado (que llega justo a tiempo para el minuto de silencio) se empecina en demostrar que la prostitución no es un trabajo sino una esclavitud.

El problema, para quién lo conoce – y yo tengo amigas y analizantes putas, orgullosamente putas -, no es, para los abolicionistas, es decir, quienes defienden la prohibición de la prostitución, la limpieza de las calles y demás consignas de lo que vengo llamando el pensamiento detergente – el problema para éstos no son las condiciones insalubres en las que se realiza el trabajo sexual a pie de calle ni la falta de asistencia sanitaria gratuita para estas trabajadoras ni mucho menos el estigma social que las afecta – y en esto el abolicionismo presenta una coincidencia argumentativa casi perfecta con la de la prohibición del aborto. El problema que tienen los abolicionistas o todos los que miran hacia otro lado es un problema estrictamente moral y muy concretamente un sesgo derivado de su concepción confesional del Estado: sí, los abolicionistas conciben al Estado no como Estado moral sino, como dice Chantal Mouffe, “en un registro moral”. Ahí es donde se sitúa su política y su discurso, que pasa por la negación de espacios para el desarrollo de la actividad sexual remunerada. Esa negación no garantiza ningún derecho fundamental, sino que niega rotundamente el derecho al trabajo y a la libertad de expresión que tan cínicamente toma en su nombre la sindical del la industria porno estadounidense, Free Speech Coalition (Coalición del Discurso Libre, o de la Libertad de Expresión), la misma que suspende las filmaciones como medida protocolar por cada caso de VIH detectado en un trabajador de la industria cinematográfica porno.

Por otras palabras, mientras en EEUU los miembros de asociaciones como Aprosex (no diré The Pink Cross, que también suele caer en un grave paternalismo: “Healing Lives From Porn”), que a menudo han trabajado en condiciones inaceptables, reclaman una mejora de dichas condiciones y denuncian a la misma industria que hace, hipócrita, su minuto de silencio, el estado de California, donde se concentra la producción de cine porno, dicta que los actores lleven condón y no graben escenas de bareback o sexo a pelo. Es como si esa medida resolviera la demanda de tales escenas que la misma industria ayudó a crear, como si la vida sexual de los trabajadores fueran las relaciones sexuales que mantienen delante de una cámara. Es como si el condón fuera el placebo moral que, una vez hipervisibilizado, se volvería otra vez símbolo de un Estado protector que, desde un discurso tan ideológico y sesgado como puede ser el porno, enseña cómo follar sanamente cuando en ningún momento ha querido suscribir formalmente un plan para la educación sexual en la enseñanza pública.

Es una política de avestruz, pero de avestruz con mantilla: ponte el condón, limpia la calle de putas, desinfecta el sexo, pero no me hables de cómo llegaron esas chicas a ese estudio de grabación, ni con qué contrato laboral o derechos de imagen, ni cómo fueron tratadas, pero tampoco dejes de representar al sexo no seguro como algo duro, morboso y extremo – en una palabra: deseable – porque aquí en la puerta de al lado hay unos vecinos – la industria farmacéutica – que necesitan nuevos casos de infección cada mes – esos por los que ahora toca hacer un sentido minuto de silencio.

Anuncios

¿Quieres comentarlo?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s