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Les presento mis votos para el nuevo año, como la gente dice. ¿Por qué nuevo?

Él es como la luna, sin embargo cuando ha terminado vuelve a empezar, y este punto de terminación (finition) y de recomienzo podríamos colocarlo en un sitio cualquiera (placer n’importe où), quizás a diferencia de la luna, que se hizo (a été faite) – como lo sabe cualquiera y lo recuerda un dicho (locution) familiar – por intención no de cualquiera (pas de n’importe qui).

Entonces hay un momento en qué la luna desaparece, razón para luego declarar que es nueva. Pero en el caso del (pour) año y de muchas otras cosas, generalmente para aquello que se llama lo real, no tiene un comienzo que se le pueda asignar (assignable).

Sin embargo, él tiene que tener uno a partir del momento en que fue denominado “año” por cuestiones de la incidencia (en raison du repérage) significante de lo que convenimos (ce qu’on se trouve), en [lo que se refiere a] una parte de ese real, definir como ciclo.

Es un ciclo no precisamente exacto (pas tout à fait exact), como todos los ciclos en lo real, pero a partir del momento en que se lo tomó (saisi) como ciclo, hay un significante que no cuadra (colle) precisamente con lo real: uno lo corrige hablando por ejemplo de “gran año”* a propósito de una cosita que varía de año a año hasta hacer un ciclo de veintiocho mil años. Eso se dice, reumidamente: uno recicla.

[*Staferla: Cf. A. Koyré : Du monde clos à l’univers infini, Paris, Gallimard, 1973, pp. 64-65.]

Y entonces, el comienzo del año, por ejemplo, ¿dónde colocarlo?

Es ahí donde está el acto (c’est là qu’est l’acte · c’est lac et lact-)

Es por lo menos una de las formas de abordar lo que constituye el acto, estructura en la que, si ustedes buscan bien, se darán cuenta de que se ha – cuentas hechas – hablado poco. El año nuevo pues me da la ocasión de abordarlo desde este punto (ce bout).

Un acto está ligado a la determinación del comienzo y efectivamente de modo muy especial allá donde es necesario poner uno (est besoin d’en faire un) precisamente porque no hay.

Es por eso que, en resumen, tiene un cierto sentido lo que hago al comienzo al presentarles mis votos de buen año, eso entra en el campo del acto.

Por supuesto, es un acto así pequeñito (un petit acte comme ça · commença: empezó), un residuo muy laico de acto, pero no olviden que si entre nosotros hacemos estas pequeñas zalemas (salamalecs), dicho sea de paso (d’ailleurs) cada vez más o menos en vía de desuso pero que subsisten – es justamente lo que hay de notable –, es como resonancia (en écho) de las cosas de que se habla como si fueran pasadas (étaient passées: hubieran pasado, fueran pretéritas, estuvieran completadas), a saber, actos cerimoniales que, en un cuadro por ejemplo que se puede llamar el Imperio (l’Empire · l’homme pire), consistían en que ese día – ¡lo que se les cuenta! – el emperador, por ejemplo, manipulaba con sus propias manos un carro de bueyes (charrue).

Era un acto precisamente orientado (ordonné) a marcar un comienzo en la medida en que era esencial a un cierto orden de imperio que esta fundación, renovada al comienzo de cada año, fuera marcada.

Vemos ahí la dimensión de lo que se llama el acto tradicional, el que se funda en una cierta necesidad de transferir algo que es considerado como esencial en el orden del significante. Que haga falta transferirlo supone aparentemente que eso no se transfiere por sí solo, que comienzo es así, muy efectivamente, renovación.

Lo que abre la puerta, incluso no por la vía de una oposición, a que es inconcebible que el acto constituya – si uno puede expresarse de esta manera, sin comillas – un verdadero comienzo, que haya, por decirlo en pocas palabras, un acto que sea creador y que ahí esté el comienzo.

Ahora bien, basta con evocar este horizonte de todo funcionamiento del acto para darse cuenta de que es muy evidentemente ahí que radica (réside) su verdadera estructura, lo que es efectivamente aparente, evidente, y lo que muestra la fecundidad, además, del mito de la Creación.

Es un poco sorprendente que no haya calado (qu’il ne soit pas venu) – de una forma ahora que sea corriente, asumida por la consciencia común (admise dans la conscience commune) – que hay una relación segura (certaine) entre la ruptura (cassure) que se produjo en la evolución de la ciencia al inicio del siglo XVII y la realización, el advenimiento del alcance verdadero de ese mito de la Creación que habrá tardado dieciséis siglos en llegar a su verdadero auge (incidence), a lo que se puede, a través de esa época, llamar la consciencia cristiana.

Nunca sería demasiado (je ne saurais trop) volver a esta observación de que – como subrayo una y otra vez – no es mía sino de Alexandre Koyré*:

“En el principio era la acción”, dice Goethe** un poco más tarde. Se cree que hay ahí contradicción con la fórmula joánica: “En el principio era el Verbo”***. Es lo que es necesario que se observe más de cerca.

* [Staferla] Cf. A. Koyré : Du monde clos à l’univers infini, Paris, Gallimard, 1973, pp. 64-65 .
** [Staferla] Goethe : Faust, Paris, Aubier, 1976, pp. 40-41 : Im Anfang war die Tat ! – C’est la phrase sur laquelle Freud conclut Totem et tabou.
*** [Staferla] La Bible, Nouveau Testament, Jean, 1, 1 .

Si ustedes acceden a la cuestión por la vía que vengo intentando abrirles bajo una especie familiar, está claro efectivamente que no hay, entre esas dos fórmulas, la menor oposición: “Al principio era la acción” porque, sin acto, no se hablaría sencillamente de principio (il ne saurait tout simplement être question de commencement). La acción está efectivamente al principio porque no podría haber principio sin acción.

Si nos damos cuenta, por algún tipo de sesgo (biais), de lo que no es o nunca ha sido puesto aquí en evidencia (mis en avant) como es necesario:

  • que no hay acción que no se presente con una punta significante, en un principio y ante todo (avant tout),
  • que es lo que caracteriza el acto: su punta significante, y que su eficiencia de acto, que no tiene nada que ver con la eficacia de un hacer, es algo que toca (atteint) esa punta significante, se puede comenzar a hablar de acto, simplemente sin perder de vista que es bastante curioso que sea psicoanalista quién pueda por primera vez poner esta tónica sobre este término que es acto (mettre sur ce terme d’acte cet accent).

Más exactamente, lo que constituye su rasgo extraño luego problemático es doble:

  • por un lado, que sea en el campo analítico, concretamente a propósito de un acto fallido, que se haya mostrado (qu’il soit apparu) justamente que un acto que se presenta él mismo como fallido, sea un acto y únicamente por el hecho de ser significante (de ceci qu’il soit significant).
  • Luego, que un psicoanalista precisamente presida – limitémonos a este término de momento – a una operación llamada “psicoanálisis” que, en su principio, ordena (commande) la suspensión de cualquier (tout) acto.

Ustedes perciben que, cuando ahora nos vamos a introducir (engager) en esta manera de interrogar, de una forma más precisa, más insistente, que la que pudimos hacer (que nous n’avons pu le faire) en las sesiones introductorias del último trimestre – lo que tiene que ver con el acto psicoanalítico, yo quiero de todos modos – un poco más de lo que pude hacerlo en estos primeros meses – señalar que en nuestro horizonte tenemos aquello en que puede consistir cualquier acto, ese acto cuyo carácter inaugural he demostrado hace un momento, y cuyo tipo, si se puede decir, nos llega (est véhiculé pour nous) a través de esa meditación vacilante que se persigue en torno a la política, por el acto dicho del “Rubicón” por ejemplo. Detrás de él, otros se perfilan: “Noche del 4 de agosto”, “Juego de Palma”, “Días de octubre” (« Nuit du 4 août », « Jeu de Paume », « Journées d’octobre »).

¿Dónde está aquí el sentido del acto? Por supuesto (certes) nosotros tocamos, percibimos que el punto donde se suspende en primer lugar la interrogación es el sentido estratégico de un u otro cruce (franchissement: franqueo, travesía). Gracias a dios no es por nada que he evocado en primer lugar el Rubicón. Es un ejemplo bastante simple y muy (bien) marcado por dimensiones de lo sagrado.

Franquear el Rubicón no tenía, para César, una significancia (signification: significación) militar decisiva sino que (mais par contre) franquearlo era entrar en la tierra-madre, la tierra de la república, aquella a la que acercarse era violar (celle qu’aborder c’était violer).*

[* (Staferla) El Rubicón (actual Fiumicino) era la frontera entre la Galia cisalpina (plaine du Pô: llanura Padana) e Italia. Todo general romano tenía prohibido franquearlo armado sin órdenes del Senado.]

Había allí algo de franqueado (franchi: superado), en el sentido de esos actos revolucionarios que veo (je me trouve), por supuesto de forma no intencionada (sans intention), haber [sido] perfilados ya antes (là derrière).

El acto ¿tiene lugar cuando (est-il au moment où) Lenin da una determinada (tel) orden o cuando los significantes que fueron dejados en el mundo dan a ese suceso preciso en la estrategia su sentido de comienzo ya trazado: algo donde consecuencia de una cierta estrategia podrá venir a tomar su lugar tomando [para eso] su valor de signo (venir prendre sa place d’y prendre sa valeur de signe)?

Después de todo la cuestión vale bien [la pena] plantearla aquí desde (à) un cierto inicio, pues en la manera cómo voy a avanzar hoy en el terreno del acto, hay también un cierto franqueamiento al evocar esta dimensión del acto revolucionario y al evidenciarlo (l’épingler) con esto de diferente de toda eficacia (efficacité) de guerra y que se llama suscitar un nuevo deseo.

“Al golpe de tu dedo en el tambor se descargan todos los sonidos y comienza la nueva armonía.
Un paso tuyo es el despertar de los nuevos hombres y su puesta en marcha.
Tu cabeza se aleja: ¡el nuevo amor!
Tu cabeza vuelve, – ¡el nuevo amor!”

Creo que [no hay] ninguno de vosotros que no haya escuchado (n’est sans entendre) este texto de Rimbaud que no termino y que se llama “A una Razón”.

(Staferla) Arthur Rimbaud (1854-1891), Illuminations, « À une Raison »

Un coup de ton doigt sur le tambour décharge tous les sons et commence la nouvelle harmonie.
Un pas de toi, c’est la levée des nouveaux hommes et leur en-marche.
Ta tête se détourne : le nouvel amour !
Ta tête se retourne, – le nouvel amour !
« Change nos lots, crible les fléaux, à commencer par le temps » te chantent ces enfants.
« Elève n’importe où la subtance de nos fortunes et de nos vœux » on t’en prie.
Arrivée de toujours, qui t’en iras partout.]

Ésta es la fórmula del acto.

El acto de plantear (poser) el inconsciente ¿puede ser concebido de otra manera?

Y especialmente a partir del momento:

  • en que recuerdo que el inconsciente es estructura de lenguaje,
  • en que, habiendo recordado sin registrar un estremecimiento (ébranlement) muy profundo en aquellos a quienes eso interesa, retomo y hablo de su efecto de ruptura sobre el cogito.

Aquí retomo – subrayo –: se da el caso (se trouve) que en un cierto campo puedo formular “yo pienso”, eso tiene todos sus caracteres (ça en a tous les caractères):

  • lo que soñé esta noche,,
  • lo que me he perdido (j’ai raté) esta mañana, incluso ayer, por cualquier tropiezo incierto,
  • lo que he tocado sin quererlo al hacer lo que se llama un dicho espirituoso (un mot d’esprit), a veces sin hacerlo expresamente.

¿Acaso en lo que “yo pienso”, ahí yo soy? (j’y suis: ahí estoy)

Es de todos modos cierto que la revelación del “yo pienso” del inconsciente implica – todo el mundo lo sabe, haya hecho psicoanálisis o no, basta con abrir un libro y ver de qué trata – cualquier cosa que, al nivel de lo que el cogito de Descartes nos hace percibir (toucher: tocar) de la implicación del “luego soy”, esta dimensión que llamaré de desactivación (désamorçage: [p. ej. de una bomba]), que hace que allá donde el más probablemente (sûrement) “yo pienso”, a mi parecer (à m’en apercevoir · à mon a-perce-voir), “yo era” pero exactamente en el sentido en que (comme) se dice – ustedes saben que ya hice uso de este ejemplo, la experiencia me enseña que no es vano repetirse [a uno mismo] (se répéter) – es en el mismo sentido, según el ejemplo extraído de las observaciones del linguista Guillaume*, que ese empleo muy específico del imperfecto en francés que crea (fait) toda la ambigüedad de la expresión: “Un instante más tarde, la bomba explotaba” (la bombe éclatait).

Lo que quiere decir que, justamente, ella no explota.

[*(Staferla) Gustave Guillaume : « Temps et Verbe », Paris, Lib. Honoré Champion Éd., 1970, 2000, pp. 68-69, et Langage et Science du Langage, Paris, Lib. A.-G. Nizet, 1973, pp. 215-216. À noter que la phrase sur laquelle Guillaume prend appui est : « Un instant après le train déraillait ». Il est également question de cet usage de l’imparfait dans les Écrits, op. cit., p.678.]

Permítanme añadirlo, pegarlo – este matiz – al Wo Es war alemán que no la comporta y de añadir por este hecho la utilización renovada que se puede dar del “Wo Es war soll Ich werden”*:

[* Sigmund Freud, G.W., XV, p.86. Trad. in Nouvelles conférences d’introduction à la psychanalyse, Paris, Gallimard, 1984, p.110]

  • “allá donde era”: donde ya no es “sino allá” (où ce n’est plus que là), porque sé que lo he pensado,
  • “…soll Ich werden” : aquí… el Yo, hace mucho que lo he subrayado, no puede sino traducirse por el sujeto… el sujeto debe advenir.”

Solamente [esta cuestión], ¿puede hacerlo? (le peut-il?) Esa es la cuestión. “Allá donde estaba” traducimos “debo llegar a ser” (je dois devenir), continúen: “psicoanalista”. Solamente, por el hecho de la cuestión que he planteado a propósito de ese Yo traducido por “el sujeto”, ¿cómo va el psicoanalista a poder encontrar su lugar en esta coyuntura?

Es esta coyuntura que el año pasado articulé explícitamente (expréssement) bajo el (au) título de Lógica del fantasma, mediante la conjunción disyuntiva de una disyunción muy especial, que es la que desde hace ya más de tres años introduje aquí, estrenando (en y faisant novation) el término alienación*, es decir (c’est à savoir) la que propone esta elección singular cuyas consecuencias articulé, que se trate de (ce soit) una elección forzada y donde forzosamente se pierde (forcément perdant):

  • ¡La bolsa o la vida!
  • ¡La libertad o la muerte!

lo último que introducimos aquí y que vuelvo a traer (ramène) para mostrar su relación (rapport) con el acto psicoanalítico:

  • O no pienso o no soy.

Si ustedes añaden ahí – tal como lo he hecho hace un momento con el “soll Ich werden” – el término que es precisamente de lo que se trata (est en question) en el acto psicoanalítico – el término “psicoanalista”, basta hacer funcionar esta pequeña máquina: evidentemente no hay que hesitar, si hay que elegir un lado, yo no soy psicoanalista, resulta de ahí que yo no pienso…

Por supuesto, esto no es de interés solamente humorístico, eso debe conducirnos efectivamente a algún sitio, y particularmente a preguntarnos qué sucede (ce qu’il en est) no solamente con nuestra experiencia del año pasado sino con lo que llamaré esta suposición de inicio que es constituida por este: “o no pienso o no soy”.

¿Cómo es que ella resulta ser (se soit… avérée: haya sido verificada como) no solamente eficaz sino necesaria para lo que llamé el año pasado una lógica del fantasma, a saber una lógica tal que ella conserva en ella la posibilidad de dar cuenta de aquello en qué consiste (ce qu’il en est) el fantasma y su relación con (relation à) el inconsciente? Para estar ahí como inconsciente, no hace falta todavía que yo lo piense como pensada. Aquello en que consiste mi inconsciente (ce qu’il en est…), allí donde lo pienso, es para no seguir más en mi (ne plus être chez moi), si lo puedo decir.

Ya no soy más ahí (je n’y suis plus: ya no estoy ahí, no sigo ahí), exactamente… ya no soy más ahí, en términos de lenguaje, de la misma manera que cuando le hago contestar a quién contesta a la puerta: “el señor no está”, es un “no estoy ahí” en la medida en que es dicho, es justamente (bien) eso que le da (fait) su importancia, es justamente eso, en particular, que hace que como psicoanalista no puedo pronunciarlo: [ya] ven ustedes el efecto que eso tendría en la clientela (vous voyez l’effet que ça ferait sur la clientèle · vous voyez les faits: que ça ferait sûre la clientèle: ustedes ven los hechos: que eso aseguraría la clientela).

Es eso también lo que me arrincona (coince) en la posición del “yo no pienso”, al menos si lo que adelanto aquí como lógica es susceptible (capable) de ser seguido en su verdadero hilo.

“Yo no pienso” para ser, para estar ahí (pour être, pour être là) donde, habiendo dibujado debajo de los dos círculos y su intersección, he marcado, con todas las comillas de la prudencia y para decirles que no hace demasiada falta que ustedes se alboroten (alarmiez), ese “falso ser” (“faux être” · faut être: hace falta ser).

1

Es nuestro ser para todo (être à tous: ser de todos). Uno jamás es tan sólido en su ser a menos que (que pour autant que) uno no piense, cualquiera (chacun) sabe eso.

Simplemente, a pesar de todo (quand même), yo quisiera de veras (bien) marcar la distinción de lo que estoy adelantando (j’avance) hoy.

Hay dos falsedades (faussetés) distintas. Cualquiera sabe que, cuando entré en el psicoanálisis con una escobilla (balayette) que se llamaba el estadio del espejo*, empezé por situar, porque después de todo era en Freud – esto es dicho, repetido, machacado (sériné) – tomé el estadio del espejo para hacer ahí un perchero (portemanteau), es incluso mucho más acentuado enseguida de lo que yo pude hacer a lo largo (au cours) de enunciaciones que ordenaban (ménageaient) las sensibilidades, que no hay amor que no proceda (relève) de esta dimensión narcísica, que si uno sabe leer a Freud, lo que se opone al narcisismo es lo que se llama libido objetal, que concierne lo que está allí [en el esquema] abajo a la izquierda, el objeto (a), pues es eso la libido objetal. Así, cuando hablo del “falso ser”, no se trata de lo que viene en efecto a alojarse allá encima de algún modo, como los mejillones en el casco del navío (les moules sur la coque du navire), no se trata de ser engreído (bouffi: hinchado) del imaginario.

[* (Staferla) Lacan hace aquí alusión a su comunicación interrumpida, en el congreso de Marienbad, el 3 de agosto de 1936.]

Se trata de algo por debajo que le da su lugar. Se trata del “yo no pienso” en su necesidad estructurante, en cuanto inscrita en este lugar de partida sin el que no habríamos sabido, el año pasado, articular lo mínimo (la moindre chose) de lo que es la lógica del fantasma.

Naturalmente es un lugar cómodo ese “yo no pienso”. No hay ahí más que el ser engreído del que yo hablaba hace un momento, que encuentra ahí su lugar, todo viene ahí:

  • el prejuicio médico en el conjunto,
  • y el prejuicio psicológico o psicologizante, en no menor medida (pas moins).

En el conjunto, observen que en todo caso (en tout cas: en todos los casos) a este “yo no pienso” está particularmente sujeto el psicoananalista (à ce… est sujet: de este… es sujeto el psicoanalista) pues si él está habitado por todo lo que vengo anunciando, señalando, como prejuicios si les calificamos en cuanto a su origen (comme préjugés en les qualifiant de leur origine), hay en otros más (plus des autres), por ejemplo los médicos, la ventaja si puedo decirlo que cuando el prejuicio médico lo ocupa – y dios sabe que lo ocupa bastante (bien), por ejemplo, para tomar éste solamente – justamente, él no piensa en eso.

[A] los médicos, todavía, eso les importuna (tracasse). ¡No al psicoanalista! (pas le psychanalyste!)

Él lo toma así justamente, probablemente en la medida en que hay esa dimensión sin embargo que no es sino un prejuicio, pero puesto que se trata de no pensar, tanto más a gusto se queda con él (il est d’autant plus à l’aise avec lui).

¿Acaso, salvo excepción, han ustedes visto por ejemplo un psicoanalista que se haya interrogado sobre lo que es Pasteur, por ejemplo, en la aventura clínica (médicale)?

Eso habrá tenido ciertamente que atraer ya la atención de alguien. No digo que no haya sucedido ya, pero eso no se sabe. No es un sujeto [que esté] muy de moda, Pasteur, pero eso hubiera (ç’aurait · saurait) podido retener justamente un psicoanalista. Eso no se ha visto nunca. ¡Veremos si eso cambia!

En todos los casos, haría falta aquí proponer este pequeño ejercicio: ¿qué es este punto inicial?

Vale sin embargo la pena plantear la cuestión si, [tal] como entrevimos al inicio – es el eje por el que hoy vamos avanzando (c’est l’axe aujourd’hui de notre progrès) – el acto en sí está siempre en relación (rapport) con un inicio.

Este inicio lógico – fue intencionadamente (à dessein: a propósito) que no planteé la cuesión el año pasado porque en verdad, como más de un punto de esta lógica del fantasma, tendríamos que haberlo dejado (nous aurions dû le laisser) en suspensión (suspens) – señalémoslo como ἀρχή [arjé] pues ha sido así cómo hemos entrado hoy al inicio.

Es una ἀρχή, un initium, un inicio (commencement), pero ¿en qué sentido? ¿es en el sentido del cero en un pequeño instrumento de medición (appareil de mesure · a pareil), un metro, por ejemplo, muy simplemente?

No es un mal punto de partida plantearse esta cuestión porque desde un comienzo (déjà) parece, se ve incluso enseguida, que plantear la cuestión así es excluir que sea un comienzo en el sentido de lo no marcado (du non marqué · du nom: del nombre señalado). Nosotros palpamos (touchon du doigt) incluso que por el mero hecho que nos haga falta interrogar ese punto de ἀρχή de saber si es el cero, es que en todo caso él está ya marcado y después de todo eso va bastante bien incluso pues, del efecto de la marca, parece (paraït) muy satisfactorio ver derivarse (découler) el:

“o no pienso o no soy”

O no soy esta marca, o no soy nada sino esta marca, es decir que no pienso. Para el psicoanalista, por ejemplo, eso se aplicaría muy bien, [o] hay la etiqueta (label · la belle) o no la hay.

Solamente no hay que (il ne faut pas) engañarse: como acabo de marcarlo, al nivel de la marca, no vemos sino el resultado justamente necesario de la alienación, concretamente que no hay elección (le choix) entre la falta y el ser, de manera que si eso debe marcarse en algún lugar, es justamente en el rincón (bout) arriba a la izquierda del “yo no pienso””.

El efecto alienador (aliénatoire) está ya hecho, y no nos quedamos (sommes) sorprendidos de encontrar ahí, bajo su forma de origen, el efecto de la marca, algo que es suficientemente indicado en esta deducción del narcisismo que he hecho en un esquema que espero que al menos una parte de ustedes conozcan, aquél que pone en relación [de aspecto] (celui tel qu’il met en rapport) el yo ideal y el ideal del yo.

2

Así pues, queda en suspenso saber de qué clase (nature) es el punto de partida lógico en la medida en que se sostiene todavía en la conjunción previa a la (d’avant la) disyunción, el “yo no pienso” y el “yo no soy”.

Sin duda, el año pasado, fue ahí hacia donde (c’est là ce vers quoi) – pues era nuestra partida (notre départ) y, si puedo decirlo, el acto inicial de nuestra deducción lógica – no podíamos volver si no habíamos tenido lo que constituye la apertura (l’ouverture), la hiancia (béance) siempre necesaria para reencontrar en cualquier presentación (tout exposé: todo despliegue) del campo analítico que nos hizo, después de haber construido esos tiempos de la Lógica del fantasma, pasar el último trimestre en torno a un acto sexual rigurosamente (précisément) definido por constituir (ceci qu’il constitue) una aporia.

Retomemos pues, a partir del acto psicoanalítico, esa interrogación de lo que constituye el initium de la lógica, la lógica del fantasma, que me hacía falta aquí comenzar a revisar (rappeler).

Es por eso que he inscrito en la pizarra hoy esta frase: “o yo no pienso o yo no soy” que articulé el año pasado bajo los términos de

  • la operación alienación
  • la operación verdad
  • la operación transferencia

para hacer [a partir] de ahí los tres términos de lo que se puede llamar un grupo de Klein, con la condición por supuesto de darse uno cuenta que al nombrarlas de esta forma (ainsi) no vemos [lo que es] su retorno, lo que constituye para cada uno:

la operación retorno.

[* (Staferla) Lacan utilise déjà ce modèle mathématique le 14 décembre 1966, dans le séminaire La logique du fantasme. À noter la parution en novembre 1966, dans Les Temps Modernes, n° 246, Problèmes du structuralisme, d’un article de Marc Barbut, intitulé : « Sur le sens du mot structure en mathématiques ».]

Aquí, tal como son inscritos con estas indicaciones vectoriales, no es, si puedo decirlo, más que mitad de un grupo de Klein. Retomemos el acto en el punto sensible donde lo vemos en la institución analítica y volvamos a partir (repartons) desde el comienzo, en la medida en que hoy eso quiere decir: de que el acto instituye el comienzo.

Comenzar un psicoanálisis, sí o no, ¿es un acto? Sí, sin duda (assurément oui). Solamente, este acto ¿quién lo hace? Hemos hecho notar hace un momento lo que implica para quién se compromete (celui qui s’engage) con un psicoanálisis, lo que eso implica justamente de dimisión del acto. Deviene muy difícil en el sentido de atribuir la estructura del acto a aquél que se compromete con (s’engage dans) un análisis. Un psicoanálisis es una tarea, e incluso, dicen algunos, es un oficio (métier).

No he sido yo que lo he dicho (ce n’est pas moi qui l’ai dit: no ha sido yo…), sino la gente (c’est des gens), a pesar de todo, que ahí se reconocía (qui s’y connaissaient): hay que (il faut) enseñarles su oficio, a esa gente que tienen o no que seguir la regla de alguna manera que ustedes la definan [a esa gente] (de quelque façon que vous les définissiez). En ese rincón (ce coin-là · coincé: acorralado, inhibido), no se dice su oficio de psicoanalizante, ellos lo dirán ahora porque la palabra corre (le mot court: la palabra corta), pero es eso lo que eso quiere decir.

Entonces, está claro que si hay acto, hace falta probablemente buscarlo en otro lugar (ailleurs). No tenemos a pesar de todo que hacer un gran esfuerzo (beaucoup quand même à nous forcer: …a forzarnos) para preguntarnos, para decir que, si no es del lado del psicoanalizante, es del lado del psicoanalista, eso sin duda alguna (ça ne fait aucun doute).

Solamente, eso se vuelve una de las dificultades porque después de lo que acabamos de decir, el acto de poner (poser) el inconsciente, ¿acaso hace falta reponerlo una y otra vez (à chaque fois)? ¿Acaso es verdaderamente posible, sobre todo si pensamos que después de lo que acabamos de decir, reponerlo una y otra vez sería darnos una y otra vez una nueva ocasión para no pensar?

Debe haber otra cosa, un aspecto (rapport) de la tarea al acto que no es quizás percibido (saisi: capturado) todavía y que – quizás – no puede serlo. Hace falta quizás tomar un desvío.

Se ve enseguida de dónde él nos viene (nous est fourni), ese desvío, en otro inicio (commencement), en ese momento inaugural (de commencement) en que uno deviene psicoanalista.

Es necesario (il faut bien) que tengamos (tenions: tuviéramos) en cuenta esto que tenemos (est) ahí en los datos, que, creyendo en lo que se dice – hay que fiarse (il faut bien s’y fier) en este dominio – comenzar a ser psicoanalista, todo el mundo lo sabe, comienza al final de un psicoanálisis.

No nos queda otra que tomar eso tal como nos llega (il n’y a qu’à prendre ça comme ça nous est donné) si queremos entender (saisir) alguna cosa. Hace falta partir de ahí, de ese punto que es en el psicoanálisis de todos conocido (qui est dans la psychanalyse reçu de tous · …reçue…: que se encuentra en el psicoanálisis recibido de todos [a semejanza de “les idées reçues” o prejuicios: el psicoanálisis recibido, referencial, luego falso – que es el que todo el mundo practica si no lo vuelve a empezar uno mismo].

Entonces, partamos de las cosas [tal] como ellas se presentan.

Uno ha llegado al final una vez (une fois: en un momento dado [como en “il était une fois”: érase una vez”]), y es [a partir] de ahí que hace falta deducir la relación [de aspecto] que eso tiene con el inicio de todas las veces (le commencement de toutes les fois).

Uno ha llegado al final de su psicoanálisis una vez, y este acto tan difícil de captar (difficile à saisir) al comienzo de cada uno de los psicoanálisis que nosotros garantizamos debe tener una relación (rapport) con este final, una vez. Llegados a este punto (alors là), hace falta a pesar de todo que sirva de algo lo que adelanté el año pasado, a saber la forma cómo se formula en esta lógica el (a) fino del psicoanálisis (la fin de la psychanalyse · l’a fin; ¿querrá Lacan hablar de un final, que puede confundirse con una finalidad, o de otra cosa? Esa cosa sería la restante, el resto del que se trata, el a finamente elaborado en esa práctica).

El a fino (la fin · l’a fin) del psicoanálisis supone una cierta puesta en realidad (réalisation) de la operación verdad, a saber: que si efectivamente (en effet) eso debe constituir esa especie de recorrido que, del sujeto instalado en su “falso ser” (faux être · · ersatz) lo hace poner en realidad (réaliser) alguna cosa de un pensamiento (chose d’une pensée) que conlleva el “yo no soy”, eso no tiene lugar (est) sin reencontrar como conviene, bajo una forma quiásmica (croisée), invertida, su lugar más verdadero bajo la forma del “allí donde era” al nivel de “yo no soy” que se encuentra en ese objeto(a) – con el que hemos hecho mucho, me parece, para darles el sentido y la práctica – y por otra parte, esa falta que subsiste al nivel del sujeto natural, del sujeto del conocimiento, del “falso ser” del sujeto, esa falta que de siempre se define como esencia del hombre y que se llama el deseo, pero que, en el a fino (à la fin · à l’a fin: al final) de un análisis, se traduce por esta cosa, no solo formulada sino encarnada (incarnée), que se llama la castración:es lo que tenemos la costumbre de etiquetar con (sous) la letra del menor [phi (–φ)].

La inversión de esta relación (rapport) de izquierda a derecha que hace corresponder el “yo no pienso” del sujeto alienado al “allí donde era” del inconsciente al descubierto (en découverte*), el “allí donde era” del deseo en el sujeto al “yo no soy” del pensamiento inconsciente, esto que da la vuelta (ceci se retournant) es propiamente lo que soporta la identificación del (a) como causa del deseo y del (–]) como el lugar desde el que se inscribe la hiancia propia del acto sexual (à l’acte sexuel: en el acto sexual).

[* a la descubierta, en descubrimiento; pero el análisis da lugar a que, si el inconsciente se descubre, al menos uno se da cuenta y puede dar cuenta de ello]

Es precisamente ahí que nosotros debemos [por] un instante suspendernos. Ustedes lo ven, ustedes lo palpan (touchez du doigt), hay dos “wo Es war”, dos “allí donde era” y que corresponden además a la distancia que escinde (scinde), en la teoría, el inconsciente del Ello.

3

Hay el “allí donde era”, aquí [arriba a la derecha] inscrito al nivel del sujeto y – ya lo he dicho, lo repito para que no lo dejen pasar – donde él permanece ligado (attaché) a ese sujeto como falta.

Hay el otro “allí donde era” que ocupa (a) un lugar opuesto (opposé: del otro lado del esquema), es el de la esquina derecha abajo, del lugar del inconsciente, que permanece ligado al “yo no soy” del inconsciente como objeto, objeto de la pérdida.

El objeto perdido inicial de toda la génesis analítica, aquél que Freud recalca en todas los momentos (martèle dans tous les temps) de su nacimiento del inconsciente, está ahí, ese objeto perdido causa del deseo.

Tendremos que verlo como [situado] al comienzo (principe) del acto.

Pero esto no es sino un anuncio, no lo justifico inmediatamente.

Nos falta un trozo (il nous faut un bout de chemin) antes de estar seguros (avant d’en être sûr · avant d’en naître sûr: antes de nacer de allí con seguridad), pues nos hace falta detenernos ahí un tiempo.

No vale en general [la pena] detenerse un tiempo sino para darse cuenta del tiempo que se ha pasado (l’on a passé) sin saberlo. Diremos nosotros…. diremos, además, para retomarnos… justamente: ¿“pasado”?

Hemos dicho haberlo pasado, valdría más decir pasando (passant · pas sans: no sin · pas sant: no santo) y si ustedes me permiten jugar con las palabras, es eso lo que quiero decir, pasando de saber (pas sans le savoir: no sin el saber · passant le savoir: pasando el saber [el juego no se puede traer al castellano sin modificaciones]), es decir, con el saber uno lo tiene pasado (on l’a passé: uno lo ha pasado), pero justamente – es porque yo les exponía el resultado de mis pequeños esquemas del año pasado, supuestamente conocidos (suposés sus) por ustedes si es que aquí no me estoy pasando un poco (si tant est qu’il n’y ait pas là quelque abus) – es con ese saber que lo he pasado – ese tiempo – demasiado rápido, es decir con la prisa que, como saben ustedes, deja justamente escapar la verdad.

Eso nos permite vivir, después de todo.

La verdad es que la falta de arriba a la izquierda es la pérdida de abajo a la derecha, pero que la pérdida, esa, es la causa de otra cosa.

Le llamaremos “la causa de sí” (la cause de soi), con la condición, por supuesto, de que ustedes no se equivoquen. “Dios es causa de sí”, nos dice Espinoza. ¿Creería estar en lo cierto? (Croyait-il si bien dire? · bénir: bendecir)

[Staferla: Spinoza : Éthique, Œuvres complètes, Paris, coll. La Pléiade, Gallimard, 1954. – réédité dans une traduction nouvelle de Bernard Pautrat, Paris, Seuil, 1988.]

Por qué no, al fin y al cabo. Era alguien muy fuerte. Es muy cierto que el hecho de que haya conferido a Dios ser “causa de sí” disipó de esa manera (par là) cualquier (toute) ambigüedad del cogito que podría bien tener una pretensión semejante, al menos en el espíritu de algunos.

Si hay alguna cosa que nos recuerda la experiencia analítica, es que si esta expresión (mot) “causa de sí” quiere decir algo, es precisamente indicarnos que el sí, o lo que así llamamos (ce qu’on appelle tel), dicho de otra manera (autrement dit: también llamado) el sujeto, hace falta que todo el mundo acuerde qué es (en convienne) puesto que incluso ahí, en ese campo anglosajón, donde verdaderamente se puede decir que no se comprende nada de nada de estas cuestiones, la palabra self tuvo que salir (a dû sortir), [palabra] que no se adapta en ningún lugar en la teoría psucoanalítica, nada le corresponde, el sujeto depende de esa causa que lo hace dividido y que se llama el objeto(a). Ahí lo tenemos señalando (Voilà qui signe) lo que es tan importante señalar:

que el sujeto no es causa de sí,
que él es consecuencia de la pérdida y que haría falta que se meta (mette: ponga) en la consecuencia de la pérdida, la que constituye el objeto(a) para saber qué le falta.

Por esto digo (voilà en quoi je dis) que vamos demasiado rápido en la enunciación, tal como la he hecho, de estos dos puntos de la oblicua de izquierda a derecha y de arriba abajo, de los dos términos descuartizados (écartelés) de la división primera.

La cosa es supuesta saberse (supposée sue) en el enunciado que “allí donde era” es “falta a partir del sujeto”, ella no lo es veritablemente sino en el caso de que (que si) el sujeto devenga pérdida (se fait perte) (Staferla: abajo a la derecha). Ahora bien, es que él no puede pensar sino deviniendo (qu’a se faire être: sino haciéndose ser): “yo pienso – dice – luego yo soy”.

Él vuelve a lanzarse (il se rejette) invenciblemente en el ser, [a partir] de ese falso acto que se llama el cogito (Staferla: arriba a la izquierda). El acto del cogito es el error acerca del ser, tal como lo vemos así en la alienación definitiva que de ahí resulta, del cuerpo que es rechazado en la extensión (étendue).

El rechazo del cuerpo [hacia] fuera del pensamiento es la gran Verwerfung de Descartes, ella está firmada por (signée de) su efecto [en el hecho de] que [este efecto] reaparece en lo real, más concretamente (c’est-à-dire) en lo imposible: es imposible que una máquina sea cuerpo.

Es por eso que el saber lo prueba cada vez más al dividirlo en partes separadas (le mettant en pièces détachées).

En esta aventura, ahí estamos, no me hace falta (besoin), pienso, hacer alusiones.

Pero dejemos por hoy nuestro Descartes para volver a continuación y a la puntuación que hay que dar hoy a nuestro avance.

El sujeto del acto analítico, sabemos que él no puede saber nada de lo que se aprende (apprend: enseña) en la experiencia analítica, sino de lo que ahí opera lo que se llama la transferencia.

La transferencia, la restauré a (dans) su función completa al situarla respecto del (le rapporter au) sujeto supuesto saber.

El término (terme: final) del análisis consiste en la caída del sujeto supuesto saber y su reducción al advenimiento (avènement) de ese objeto(a) como causa de la división del sujeto que viene a [instalarse en] su lugar.

Aquél que fantasmáticamente con el psicoanalizante juega el partido (joue la partie) en relación al sujeto supuesto saber – a saber: el analista – es ese, el analista, quién viene, al final (terme) del análisis, a soportar el no ser nada más (plus rien) que este resto, este resto de la cosa sabida que se llama objeto(a).

Es eso en torno a qué debe ir (porter) nuestra cuestión.

El analizante llegado (venu) al final (fin) del análisis, en el acto, si lo hay (s’il en est un), que lo lleva a devenir el psicoanalista, ¿[acaso] no nos hace creer que no opera, ese paso (passage), sino al acto (dans l’acte) que remite a su lugar el sujeto supuesto saber?

Vemos ahora este lugar donde está porque puede ser ocupado, pero él no es ocupado sino en el momento (temps) en que el sujeto supuesto saber se ha reducido a ese fin (terme) que aquél que hasta ese momento lo afianzó (garanti) con su acto, a saber el psicoanalista, él, el psicoanalista lo devino, ese residuo, ese objeto(a).

Aquél que, al final de un análisis dicho didáctico se pone (relève), si puedo decirlo, el guante de ese acto, no podemos omitir que es a sabiendas de lo que su analista ha devenido en el cumprimiento de ese acto, a saber: ese residuo, ese desecho, esa cosa rechazada.

Al (à) restaurar el sujeto supuesto saber, al retomar la antorcha (flambeau) del analista, él mismo, no puede que no instale, a menos que no lo tocara (fût-ce à ne pas le toucher), la [letra, objeto] (a) al nivel del sujeto supuesto saber que él no puede sino retomar como condición de todo acto analítico. Él sabe, en ese momento al que llamé “en el pase” (“dans la passe”), él sabe que ahí está el deser (désêtre) que, por él – el psicoanalizante – ha impactado (frappé) el ser del analista.

He dicho “sin tocarlo”, que es así cómo se da (s’engage) ese deser, instituido en el punto del sujeto supuesto saber, él, el sujeto en el pase (dans la passe), en el momento del acto analítico, él no sabe nada de ello, justamente porque él se ha hecho (est devenu) la verdad de ese saber y, si puedo decirlo, una verdad (qu’une vérité) que es alcanzada (atteinte) “no sin el saber” (“pas sans le savoir” · passant: pasando), como yo lo decía hace un momento, pues eso (eh bien), es incurable: se es esa verdad (on est cette vérité).

El acto analítico al comienzo funciona, si puedo decirlo, con sujeto supuesto saber falseado, pues el sujeto supuesto saber, si se declara en estos momentos (s’avère maintenant), lo que era muy simple de ver acto seguido (tout de suite), que es él que se encuentra en la ἀρχή de la lógica analítica, si aquél que deviene analista podía ser curado (guéri) de la verdad que se ha vuelto (qu’il est devenu), él sabría marcar lo que sucedió [en términos] de cambio al nivel del sujeto supuesto saber.

Es lo que en nuestro grafo marcamos con el (nous avons marqué du) significante S(A).

[*Staferla: Cf. Écrits, op. cit., « Subversion du sujet et dialectique du désir », p.817.]

4

Haría falta darse cuenta de que el sujeto supuesto saber se reduce (est réduit) al final del análisis al mismo “noestar ahí” (“n’y pas être”*) que es aquél que es característico del inconsciente mismo (l’inconscient lui-même), y que este descubrimiento es parte de la misma operación verdad. Lo repito, la puesta en cuestión del sujeto supuesto saber, la subversión de lo que implica, yo diría, todo funcionamiento del saber y que muchas veces he interrogado ante ustedes de (sous) esta forma:

[*El uso que Jacques hace aquí de la estructura sintáctica de la negación en francés sugiere que la integra en el verbo, es decir, que en el verbo, que en este caso no es un verbo de acción, se integra la apertura misma de la negatividad: noser, noestar. Esta negatividad, entendida desde la lógica modificada a la que responde y a la vez está formulando, no supone tanto una contradicción insalvable entre estar y no estar, o entre ser y no ser, sino la duda como método y, fundamentalmente, la pregunta por la causa.]

“Entonces ese saber, ya sea (qu’il soit) el del nombre transfinito de Cantor, ya sea (ou) [el] del deseo del analista, ¿donde estaba antes de que se supiera? (avant qu’on sache)

Desde ahí solamente, quizás, se podrá (peut-on) proceder a una resurgencia (résurgence · urgence) del ser cuya condición es darse cuenta de que si su origen y su reinterpelación – la que podría hacerse [a partir] del significante del otrA finalmente desvanecido (enfin évanoui) hacia aquello que lo reemplaza, puesto que igualmente es de su campo, del campo del otrA que esto ha sido arrancado, concretamente (à savoir) ese objeto que se llama el objeto(a) – eso sería también darse cuenta de que el ser tal como puede surgir del acto que sea, es ser sin esencia, [tal] como son sin esencia todos los objetos(a), es aquello que los caracteriza: objetos sin esencia que están o no en el acto para reevocar (qui sont… à réevoquer: que hay que reevocar) a partir de esa especia de sujeto que, lo veremos, es el sujeto del acro, de cualquier acto diría yo (dirai-je), en la medida en que, [tal] como el sujeto supuesto saber, al cabo (bout) de la experiencia analítica, es un sujeto que, en el acto, noestá (n’y est pas).

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