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Elegí este año tratar (pour sujet: [tomar] por sujeto) el acto psicoanalítico. Es un extraño par de palabras que, a decir verdad, hasta ahora no se usaba. Sin duda quienes han seguido desde hace un tiempo lo que enuncio aquí, pueden no sorprenderse [por el hecho] de que introduzco bajo estos dos términos aquello con qué se cerró mi discurso del año pasado: en el interior de esta lógica del fantasma de la que intenté aportar aquí todos los lineamientos. Quienes me oyeron hablar con un cierto tono y en dos registros de lo que puede, de lo que debe querer decir el término, igualmente separado (couplé: hecho par, separado en dos), del acto sexual, pueden sentirse de alguna manera iniciados (introduits) en esa dimensión que el acto psicoanalítico representa.

Sin embargo, me hace falta hacer como si una parte de esta asamblea (assemblée · assembly [inglés]: montaje, apareamiento) no supiera nada de ello e introducir hoy en qué consiste este uso que yo propongo. El psicoanálisis – él se entiende al menos en principio, él está supuesto por el hecho de que ustedes están ahí para oirme – que el psicoanálisis… alguna cosa hace.

Hace, no basta (ça fait, ça ne suffit pas). Es esencial, se halla en un punto central, es la perspectiva (vue) poética propiamente dicha de la cosa. También la poesía hace alguna cosa. He observado además, de paso, al haberme interesado un poco estos últimos tiempos por ese campo de la poesía, que la gente se ha dedicado más bien poco (qu’on s’est bien peu occupé) a lo que hace, y a quién, y más especialmente [lo hace] – ¿por qué no? –, a los poetas. Quizás, de preguntárselo, eso sería una forma de introducción a lo que es el acto en la poesía.

Pero no es lo que nos ocupa (notre affaire) hoy puesto que se trata del psicoanálisis que hace alguna cosa, pero ciertamente no al nivel, en el plano, en el sentido de la poesía. Si tenemos que introducir – y muy necesariamente al nivel del psicoanálisis – la función del acto, es en la medida en que este “hacer” psicoanalítico implica profundamente al sujeto, que a decir verdad – y gracias a esa dimensión del sujeto que renueva para nosotros completamente lo que puede ser enunciado [respecto] del sujeto como tal y que se llama el inconsciente – ese sujeto, en el psicoanálisis, está – como ya formulé – actuado (mis en acte).

Recuerdo que esta fórmula, ya la adelanté a propósito de la transferencia, diciendo en un tiempo ya ido (ancien) y a un nivel de formulación aún aproximativo, que la transferencia no era otra [cosa] que la actuación del inconsciente. Lo repito, esto no es más que un acercamiento, y lo que nosotros tendremos este año que avanzar sobre esta función del acto del psicoanálisis nos permitirá añadirle una precisión digna de los numerosos pasos (pas nombreux: no numerosos) y, espero – algunos – decisivos, que hemos podido hacer hasta ahora. Acerquémonos simplemente por la vía de una cierta evidencia.

Si nos remitimos (si nous nous en tenons) al sentido que tiene la palabra “acto”, de constituir – relativamente a qué… dejémoslo de lado – un franqueo, seguro que [nos] encontramos en la entrada de un psicoanálisis (à l’entrée d’une psychanalyse). Es de todos modos algo que merece el nombre de acto, decidirse, con todo lo que eso conlleva, a hacer lo que se llama un psicoanálisis. Esa decisión conlleva un cierto compromiso. Todas las dimensiones que habitualmente son afectadas, en el uso común, en el empleo corriente de esta palabra “acto”, las encontramos ahí.

Hay también un acto que puede calificarse, el acto por el que el psicoanalista se instala en cuanto tal: ahí tienen algo que merece el nombre de acto, incluso (jusques et y compris) que este acto, dios mío, puede inscibirse en algún lugar: sr. De Tal, psicoanalista.

En verdad no parece insensato, desmesurado, despropositado (hors de propos), hablar de acto psicoanalítico de la misma manera que se habla de acto médico. ¿Qué es el acto psicoanalítico a ese título? Debo decir que puede inscribirse en esa sección (rubrique) del registro de la Seguridad Social.

El acto psicoanalítico ¿es la sesión, por ejemplo? Uno (on) puede preguntarse en qué consiste, en qué tipo de intervención, puesto que al final nosotros (on) no redactamos una ordenanza. Todo lo que es propiamente hablando el acto psicoanalítico: ¿es eso la interpretación? ¿es eso el silencio, o lo que sea que ustedes quieran designar en los intrumentos de la función? En verdad, son esclarecimientos que no nos hacen avanzar mucho y, para pasar al otro extremo del punto de apoyo que podemos elegir para presentar, para introducir el acto psicoanalítico, señalaremos que en la teoría psicoanalítica, precisamente, se habla de ello. Además no estamos todavía en condiciones (en état) de especificar este acto de una forma tal que pudiéramos de alguna manera hacer [el reconocimiento de] su límite con lo que se llama, por un término general y, pues sí (ma foi), usual en esta teoría analítica: la acción.

La acción, se habla mucho de ella, ella tiene un papel de referencia además singular puesto que – es caso para fijarse en qué situaciones se utiliza (c’est bien pour prendre le caso où l’on s’en sert) con gran énfasis, concretamente cuando se trata de dar cuenta de ello, quiero decir teóricamente y para un campo bastante amplio – los teóricos que se expresan en términos analíticos, para explicar el pensamiento, como si tuvieran (comme par) una especie de necesidad de seguridad, ese pensamiento del que – por razones con las que tendremos que vérnoslas – no se pretende hacer una entidad que parezca demasiado metafísica, se intenta dar cuenta de ese pensamiento sobre un fundamento que en ese momento esperamos que sea más real. Y se nos explicará el pensamiento como representando algo que se motiva, que se justifica por su relación de aspecto con la acción (de son rapport avec l’action; rapport: aspecto, nexo, proporción), por ejemplo bajo la forma de una acción más reducida, una acción inhibida, una acción esbozada, un pequeño modelo de acción, incluso que hay en el pensamiento algo así como una degustación (gustation) de lo que la acción – que ella supondría o que vuelve inmanente – podría ser.

Estos discursos son habituales, no me hace falta ilustrarlos con citas, pero si alguien quiere ver más de cerca lo que dejo entrever (entendre), evocaré no solo un célebre artículo sino todo un volumen escrito sobre ello por M. David Rappaport*, psicoanalista de la Sociedad de Nueva York.

*[nota Staferla] David Rappaport: On the psychoanalytic Theorie [sic] of Thinking. International Journal of Psycho-Analysis, 1950, nº31, pp. 161-170. The Collected Papers od David Rapaport [sic] Ed. Jason Aronson 1996.

Lo que es llamativo es que sin duda para quién se introduce sin ideas preconcebidas (sans préjugé) en esta dimensión de la acción, la referencia, en este caso (en l’occasion), no me parece más clara que aquello a que la gente se refiere, y explicar el pensamiento a través de (par) la acción supondría quizás que para empezar se tenga una idea menos confusa que las que en esas ocasiones se manifiestan acerca de lo que constituye una acción, en la medida en que una acción parece efectivamente (bien), si meditamos en ello [por] un instante, suponer en su centro la noción de acto.

Sé [muy] bien que hay una forma que es igualmente aquella a la que se enganchan (cramponnent), es decir que se apoyan enérgicamente quienes intentan formular las cosas en el registro que acabo de decir; se trata de (c’est) identificar la acción con la motricidad. Tenemos que (il nous faut bien) hacer aquí, al comienzo de lo que estamos introduciendo, una operación: llámenla cómo quieran, como simple elucidación o como exploración (balayage), pero ella es muy esencial. De hecho, es bien conocido y, después de todo – dios mío, ¿por qué no? – aceptable, que se quiera aquí aplicar de una forma – que se admite (qui est admise), quizás por rutina – de hacer, o incluso solamente de hacer parecer que se obedece (faire semblant d’obéir) a la regla de no explicar lo que se sigue llamando – no siempre, además, con tanto fundamento – “lo superior” y “lo inferior”, de no – digo yo – explicar lo inferior por lo superior, y – como se dice, no se sabe ya muy bien por qué, que “el pensamiento es superior” – partir de ese inferior que sería la forma más elemental de respuesta del organismo: es decir, ese famoso círculo cuyo modelo nos es dado bajo el nombre de “arco reflejo” (“d’arc réflexe”).

Es decir, el circuito que se llama según los casos “estímulo-respuesta” cuando se es prudente y se identifica con el par (au couple) “excitación sensorial” – sea cuál sea – y “puesta en marcha motriz” (“déclenchement moteur”) que juega aquí el rol de respuesta. Fuera de (outre que) este famoso “arco” es más que fijo (il n’est que trop certain) que la respuesta no es del todo forzosamente y obligatoriamente motriz y que desde entonces si por ejemplo ella es excretora, incluso secretora (sécrétoire) – que la respuesta sea que eso moja – pues bien, la referencia a ese modelo – para situar ahí, para empezar por ahí (y prendre le départ), [para poner ahí] el fundamento de la función que podemos lamar acción – se muestra (apparaït) sin duda más precaria.

Por lo demás se puede verificar (au reste in peut remarquer) que la respuesta motriz – si no la marcamos (épinglons) sino por la ligazón (liaison) definida por el arco reflejo (arc réflex [Neur.]) – no puede verdaderamente más que con muy poca razón (qu’à très peu de titre) darnos el modelo de lo que se puede llamar una “acción”, puesto que lo que es motor, a partir del momento en que ustedes lo insertan en el arco reflejo, aparece igualmente como un efecto pasivo, como una pura y simple respuestaal estímulo, y la respuesta no conlleva nada más que un efecto de pasividad.

La dimensión que se expresa por una (d’une) cierta manera de concebir la respuesta como una descarga de tensión, término que es iguamente corriente en la energética psicoanalítica, nos presentaría pues la acción aquí como nada menos (rien d’autre) que una continuación (suite) – incluso una fuga (fuite) consecutiva a una sensación más o menos intolerable, digamos en el sentido más amplio “stimulus”, en la medida en que hagamos intervenir ahí otros elementos que [no] los que la teoría psicoanalítica introduce bajo el nombre de estimulación interna.

Hémonos aquí sin duda en una posición de no poder situar el acto de esta referencia ni en la motricidad, ni en la descarga, del que más bien hay que (dont il faut au contraire) a partir de ahora preguntarse por qué la teoría tiene y manifiesta aún tan gran tendencia a servirse de ello como apoyo para encontrar ahí el orden original donde se instauraría, de donde partiría, de donde se instalaría, como un forro (une doublure), el [orden] del pensamiento. Es evidente que no estoy rescatando esto sino porque vamos a recurrir a ello (nous en servir).

Nada de lo que se produce en el orden de la elaboración, tan paradójico cuanto eso se presente a la vista (à être vu) desde un cierto punto, no deja sin embargo de (n’est pas pourtant sans) dejarnos la idea de que hay ahí alguna motivación que sostiene esa paradoja, y que de esa motivación misma – es ese el método al que el psicoanálisis no falta (ne manque) jamás – de esa motivación misma podemos sacar algo de su fruto (quelque fruit: algún provecho).

– que la teoría se apoya ocasionalmente, pues, en algo que ella precisamente – la teoría analítica – tiene la factura más apta (est le mieux faite: está lo mejor hecha; está en la mejor posición) para saber que no es (connaître n’être) sino un cortocircuito respecto de lo que tiene efectivamente (lui faut bien) que establecer como estatuto del “aparato psíquico” (“appareil psychique” · a pareil),

– que no solamente los textos de Freud, sino todo el pensamiento analítico no pueden sostenerse más que situando (qu’à mettre) en el intervalo, entre el elemento aferente (afférent) del arco reflejo y su elemento referente, ese famoso sistema Ψ [psi] de los primeros escritos freudianos,

– que sin embargo ella carece (érpouve le besoin) de mantener el énfasis en esos dos elementos, es sin duda el testimonio de algo que nos incita a marcar su sitio – en la teoría analítica – respecto de lo que podemos llamar a un título más amplio (vaste), la teoría fisiologizante relativa (concernan) al aparato psíquico.

Es evidente que aquí vemos manifestarse un cierto número de edificios mentales fundados en principio en un recurso a la experiencia y que intentan usar, servirse de este modelo primero, dado como el más elemental – aunque (soit) nosotros lo consideráramos al nivel de la totalidad de un micro-organismo, el proceso estímulo-respuesta al nivel de la ameba, por ejemplo – y de hacer de él de algún modo la homología, la especificación para un aparato (appareil) que concentraría, al menos en algunos puntos poderosamente organizadores de la realidad para el organismo, a saber, al nivel de ese arco reflejo en el aparato nervioso (appareil nerveux [sic]: sistema nervioso) una vez diferenciado.

Es de eso que tenemos que dar cuenta (voilà ce dont nous avons à rendre compte) en esta perspectiva: que esta referencia persiste a un nivel, en una técnica – el psicoanálisis – que parece ser propiamente hablando la menos apropiada a qué recurrir (à y recourir), considerando (étant donné) lo que ella implica de una dimensión totalmente distinta (tout autre), de la que resulta esta concepción manifiestamente coja (boiteuse) de lo que puede ser (peut en être) el acto – no intrínsecamente (d’une façon interne) satisfactoria si se puede decir – [concepción] totalmente opuesta, tenemos que vérnoslas con esa posición de la función del acto que he evocado al comienzo bajo sus aspectos de evidencia, y de la que sabemos que es esa la que nos interesa en el psicoanálisis.

He hablado hace un momento de compromiso, ya sea el del analizante o del analista, pero después de todo, por qué no plantear la cuestión del acto de nacimiento del psicoanálisis, pues en la dimensión del acto viene enseguida a la luz (au jour) ese algo que implica un término como aquél de que acabo de hablar, a saber: la inscripción en algún lugar, el correlato de significante, que verdaderamente (à la vérité) nunca falta en lo que constituye un acto. Puedo aquí ir de un lado hacia el otro (marcher de long en large) hablándoles a ustedes, eso no constituye un acto, pero si un día hay que franquear un cierto límite (seuil) donde me sitúo fuera de la ley, ese día mi motricidad tendrá valor de acto.

Esto lo avancé aquí, es esta misma sala, hace poco (peu de temps). Me parece que es simplemente recurrir a un orden de evidencia asimilada (admise), una dimensión linguística (langagière) propiamente hablando relativa a lo que es el acto y que permite reunir de forma satisfactoria todo lo que esete término puede presentar de ambigüedad y que va de una punta a otra de la gama que yo evocaba al comienzo, incluyendo ahí no solamente, aparte (au-delà) de lo que llamé el acto médico, ¿por qué no, en este caso, el acto notariado? Hago mención a este término: el acto de nacimiento del psicoanálisis. ¿Por qué no? Fue sí que surgió en cierto giro (tel tournant) de mi discurso pero igualmente, si nos detenemos un poco ahí, veremos cómo se abre (nous allons voir s’ouvrir) fácilmente la dimensión del acto relativamente al estatuto mismo del psicoanálisis. Porque después de todo, si hablé de inscripción, ¿qué quiere eso decir?

No nos mantengamos demasiado cerca de esta metáfora. Sin embargo, aquél cuya existencia está consignada (consignée) en un acto cuando viene al mundo, ese llega (il est là) antes del acto. El psicoanálisis no es un niño de pecho (nourrisson), cuando se habla de acto de nacimiento del psicoanálisis – lo que de hecho (boen) tiene un sentido porque él apareció un día… justamente es la cuestión que se evoca: ¿acaso el campo que él organiza, en el que reina gobernándolo más o menos, acaso ese campo existía antes? Es una cuestión que vale la pena ser evocada cuando se trata de semejante acto (tel acte). Es una cuestión esencial para plantear en este punto (tournant).

Evidentemente, hay todas las probabilidades de que este campo existiese (existât · exista: existió) antes. No vamos por supuesto a poner en tela de juicio (contester) que el inconsciente no hizo sentir sus efectos antes del acto de nacimiento del psicoanáisis. Pero de todos modos, si estamos muy atentos podemos ver que la cuestión “¿quién lo sabía?” no deja quizás de tener aquí [un cierto] alcance (n’est peut-être pas là sans portée). Efectivamente, esta cuestión ¿no alcanza ella nada menos (n’a-t-elle pas d’autre portée) que la ἐποχή, la suspensión idealista, la que se funda sobre la idea tomada como radical de la representación como fundando todo conocimiento y que desde luego pregunta “fuera de esta representación dónde está la realidad”?

Es absolutamente cierto que la cuestión que levanto (lève) bajo la forma del “¿quién lo sabía, este campo del psicoanálisis?” no tiene absolutamente nada que ver con la antinomia falaciosa en qué se funda el idealismo. Está claro que no se trata de contestar que la realidad es anterior al conocimiento. La realidad sí, pero ¿el saber? El saber no es el conocimiento, y para llegar a (toucher) los espíritus menos preparados para sospechar esta diferencia, no tengo sino que hacer alusión al saber-vivir o al saber-hacer. Ahí la cuestión de lo que viene antes adquiere todo su sentido. El saber-vivir, [como] (ou) el saber-hacer, eso puede nacer en un momento dado (ça peut naître à un moment donné · ça peut n’être… : eso puede no ser, en un momento, dado). Y además si es cierto (si tant est) que el acento que pongo desde siempre en el lenguaje acabó alcanzando su dimensión (ait fini par prendre… sa portée) para un cierto número de (entre) ustedes, está claro que aquí la cuestión adquiere todo su peso: la [cuestión] de saber precisamente en qué consistía (ce qu’il en est) algo que podemos llamar manipulación de la letra según una formalización dicha lógica (dite logicienne), por ejemplo… antes de que uno se haya dedicado a ella (avant qu’on s’y soit mis ·· vaincre, soumis).

El campo del álgebra antes de la invención del álgebra es una cuestión que adquiere todo su alcance antes de que uno sepa manipular algo que hay que (il faut) llamar por su nombre, cifras (des chiffres), y no simplemente números (des nombres). Digo cifras, sin poder extenderme aquí, hago referencia (je fais appel) a aquellos algunos (aux quelques uns) que supongo que habrá (exister) entre ustedes que han leído suficientemente en una columna de revista (coin de revue) o libros de divulgación (des bouquins de vulgarisation), cómo procede el sr. [Georg] Cantor, para demostrarles que la dimensión de lo transfinito (transfini) en los números no es absolutamente reductible a la de la infinidad de la secuencia de los números enteros (nombres entiers): a saber, que uno siempre puede (peut toujours) fabricar un nuevo número que no habrá sido incluido desde un principio, en esa secuencia de los números enteros, por más sorprendente que esto les pueda parecer, y esto, nada más que de [acuerdo con] un cierto modo de operar con la secuencia de las cifras según un método que se llama diagonal [cf. Argumento de la diagonal de Cantor].

En resumen, la apertura de este orden sin duda alguna controlable y que tiene derecho, muy simplemente al mismo título que cualquier otro término, a la calificación de verídico, ¿acaso ese orden estaba allí, a la espera de la operación de Cantor, desde el inicio de los tiempos (de toute éternité)? Ahí está una pregunta (question) que tiene su pertinencia (valeur) y que no tiene nada que ver con la de la anterioridad de la realidad respecto de su representación. Pregunta que tiene todo su peso. Es una combinatoria y lo que a partir de ella se despliega [respecto] de una dimensión de verdad, ahí está lo que deja emerger (surgir) de la forma más auténtica lo que tiene que ver con esta verdad que ella determina, antes de que el saber nazca de ella (avant que le savoir n’en naisse). Es justamente por eso que un elemento de esa combinatoria puede llegar a tener un papel de representante de la representación. Y que justifica el cuánto insisto (l’nsistance que je mets) en que sea así traducido el término alemán en Freud de Vorstellungsrepräsentanz, que no es a razón de una simple susceptibilidad personal que cada vez que veo resurgir en tal o cual nota al margen (marginale), la traducción de “representante-representativo” (“représentant-représentatif”), no denuncio, no designo – de una forma válida de todos modos – una intención: esta intención confusional precisamente (précisément confusionnelle), respecto de la que se trata de saber por qué estos o aquellos se presentan como sus representantes (tels ou tels se’n font les tenants) en ciertos lugares del campo analítico.

En este orden las querellas de forma no son vanas porque justamente instauran con ellas todo un supuesto (présupposé) subjetivo que está, propiamente hablando, en cuestión. Nosotros tendremos a continuación que aportar unas marcas de algún tipo (tels ou tels épinglages) que al respecto nos permitirán orientarnos. No es mi objeto hoy que (aujourd’hui où) – se lo he dicho – no se trata sino de introducir la función que debo (j’ai à) desarrollar ante ustedes. Pero ya [les] indico que con tan solo marcar con tres puntos de referencia… el que tiene la función de un término como el de “conjunto” en la teoría matemática, de mostrar su distancia, la distinción ]respecto] de aquél, al uso desde hace mucho más tiempo, de “clase”; y enganchar (accrocher) ahí en un nexo de articulación que muestra que lo que voy a decir se inserta ahí con una (d’une) cierta forma articulada pero que implica en el mismo orden, ese orden de las “Posiciones subjetivas del ser” que era “el verdadero sujeto”, “el título secreto”, del segundo año de enseñanza que hice aquí (Staferla: E.N.S. Rue d’Ulm, salle Dussane) bajo el nombre de Problemas cruciales… – todo eso indica que referir[se] a la distinción de “el conjunto” y de “la clase”, “la función del objeto” en la medida en que (a) toma todo su valor de posición subjetiva, es lo que tendremos que hacer (nous aurons à faire) en su momento.

No hago aquí más que marcar al modo de un límite cuya indicación, y a la vez el sentido, ustedes encontrarán, en el momento en que tengamos que volver a partir de ahí (où nous aurons à en repartir). Para hoy, pues, habiendo marcado aquello de qué se trata, quiero volver a partir de la referencia psicologizante para mostrarles ese algo que quizás va a aclarar con el máximo de eficacia lo que entiendo por la expresión (sous le terme) de acto psicoanalítico. Y puesto que hemos hecho tan holgadamente (aisément) la crítica de la asimilación del término acción con el de la motricidad, nos será quizás más cómodo, más fácil darnos cuenta de en qué consiste este modelo falaz (fallacieux). Pues de soportarlo con algo que es de práctica cuotidiana como por ejemplo el desencadenar de un reflejo tendinoso (déclenchement d’un réflexe tendineux) … – creo que a partir de ahora les resultará quizás más cómodo ver que él constituye un funcionamiento del que uno no sabe por qué se le llama automático, puesto que el ‘αύτόματον [automaton] tiene precisamente en su esencia una referencia a la casualidad, mientras lo que está implicado en la dimensión del reflejo es precisamente lo contrario pero dejémoslo – y acaso no es evidente que no podríamos concebir – de una forma racional, quiero decir – lo que tiene que ver (ce qu’il en est) con el arco reflejo que, como algo cuyo elemento motor no es otro sino lo que hay que situar en un pequeñño instrumento de martillo con el que se lo provoque y que lo que se recoge no es otra cosa que un signo, un signo en este caso de algo lo que podemos llamar la integridad de un cierto nivel del aparato medular, y a este título un signo del que hay que decir que lo que tiene de más indicativo se da (est) precisamente cuando él está ausente, a saber, cuando él denuncia la no-integridad de ese aparato, pues sobre lo sujeto de aquello en qué consiste esta integridad, él no nos dice (livre) gran cosa. En contrapartida, su valor signo de falta (signe de défaut), de lesión, lo que tiene valor positivo, sí, ahí eso adquiere todo su valor.

Hacer de ese algo que no tiene más entidad ni significación que ser algo aislado en el funcionamiento del organismo, de aislado en función de una cierta indagación (interrogation) que podemos llamar indagación clínica – quién sabe, llevada más lejos: incluso deseo de clínico (désir de clinicien)… ahí está algo que no da a este conjunto que llamamos arco reflejo ningún título especial para servir de modelo conceptual a lo que quiera que sea considerado como fundamental, elemental, reducción original de una respuesta del organismo viviente.

Pero vayamos más lejos, vayámonos a algo que es infinitamente más sutil qie este modelo elemental, a saber, la concepción del reflejo al nivel de lo que ustedes me permitirán llamar, puesto que es a esto mismo que voy a referirme (m’intéresser): la ideología pavloviana. Esto quiere (est) decir que pretendo (entends) aquí interrogarla, no ciertamente del punto de vista de ninguna crítica absoluta sino para que ustedes vean (pour que vous allez voir) qué es lo que ella nos aporta de “sugestión” en cuanto a lo que es la posición analítica.

No pretendo (songe) ciertamente restarle valor (déprécier) al conjunto de los trabajos que se han inscrito en esta ideología. Tampoco estoy diciendo nada que se adelante demasiado (je ne dis rien non plus qui ne s’avance par trop) diciendo que procede de un proyecto de elaboracón “materialista” – ellos lo admiten – de algo que es una función en la que se trata precisamente de reducir la referencia que podría hacerse – como si se tratara todavía de un terreno donde haya que combatir – a alguna entidad del orden del espíritu.

La puntería (visée) de la ideología pavloviana en este sentido está mucho mejor adaptada (accommodée) que ese primer orden de referencia que he indicado con el arco reflejo y que nosotros podríamos llamar la referencia organo-dinámica. Esta perspectiva está mucho mejor adaptada de hecho porque ella se ordena desde el toma, por el signo, de (la prise du signe sur) una función ordenada, ésta, en torno a una necesidad.

Pienso que ustedes hicieron bastantes estudios secundarios como para saber que el modelo corriente con el que eso se introduce en los manuales, y que también nosotros usaremos (nous nous servirons) ahora para apoyar lo que queremos decir, que la asociación de hecho de un sonido (bruit) de trompeta por ejemplo, a la presentación de un pedazo de carne a (devant) un animal – carnívoro evidentemente – es supuesto obtener tras un cierto número de repeticiones el desencadenamiento (déclenchement) de una secreción gástrica, siempre que (pourvu que) el animal en cuestión tenga efectivamente un estómago, y este, incluso, tras desenlace, liberación de la asociación, la cual se hace evidentemente en el sentido del mantenimiento de tan solo el ruido de la trompeta, manifestándose el efecto fácilmente mediante la instalación fija (à demeure) de una fístula estomacal, quiero decir que uno extraiga el jugo que se emite (qu’on y recueille le suc qui est émis) – o sea que al cabo de un cierto número de repeticiones – con tan solo la emisión del sonido de la trompeta. Esta “empresa pavloviana”, si se puede decir, osaré calificarla respecto de su puntería (visée), de extraordinariamente correcta.

Pues de hecho lo que se trata de fundar cuando se trata de dar cuenta de la posibilidad de las formas elevadas del funcionamiento del espíritu, es evidentemente esta toma de (sur) la organización viva de algo que, aquí, no toma valor ilustrativo sino de no ser estimulación adecuada a la necesidad que se introduce en el asunto (qu’on intéresse dans l’affaire).

E incluso propiamente hablando de no conotarse (ne se connoter: no tener connotaciones) en el campo de percepción a excepción de ser (que d’être) verdaderamente separada de cualquier objeto de fruición eventual. Digo fruición [que] quiere decir goce pero no he querido decir goce porque como he puesto ya una cierta énfasis en la palabra goce no quiero meterla (l’introduire) aquí con todo su contexto. “Frui” es el contrario de “uti”.*

[*Staferla: Frui del latín fruor, y uti de utor. “Aliqua re uti et frui”: usar y fruir de los bienes. Cicerón, De natura deorum, 1, 103).]

No es siquiera de un objeto de uso (objet usager: utensilio) que se trata, es de objeto del apetito fundado en (sur) las necesidades elementales del viviente. Es en la medida en que el sonido de trompeta no tiene nada que ver con sea lo que sea que pueda interesar a un perro, por ejemplo – al menos en el campo en que su apetito es despertado por la visión (vue) de un pedazo de carne – que es legítimamente que Pavlov lo introduce en el campo de la experiencia.

Solamente si digo que esta forma de operar es extraordinariamente correcta, es muy precisamente en la emdida en que Pavlov se revela ahí, si se puede decir (si je puis dire):

estructuralista al comienzo (au départ), al comienzo de su experiencia,
y estructuralista prematuro (avant la lettre),
estructuralista de la más estricta observancia, a saber de la observancia lacaniana, en la medida en que precisamente lo que él demuestra es que lo que él tiene ahí de algún modo como implicado es muy precisamente lo que hace que el significante, a saber: que el significante es lo que representa un sujeto para un otro significante.

Ahí tienen efectivamente (voici en effet) cómo ilustrar lo que acabo de adelantar: el sonido de la trompeta no representa aquí nada más (rien d’autre) que el sujeto de la ciencia, a saber, el mismísimo Pavlov (Pavlov lui-même).

Él lo representa ¿para quién, para qué? Manifiestamente para nadie más qie para esto – que no es un signo, sino un significante – a saber, ese signo de la secreción gástrica que no coge (prend) su valor muy precisamente sino de este hecho:

que él no es producido por el objeto del que se espera que lo produzca,
que es un efecto de engañifa (tromperie)
que la necesidad en cuestión es adulterada y que la dimensión en la que se instala lo que se produce al nivel de la fístula estomacal es aquello de qué se trata – a saber el organismo – en este caso es engañado.

Hay pues efectivamente demostración de algo que, si ustedes lo miran de más cerca, no se entiende bien solamente con un perro (n’est pas bien entendu qu’avec un chien [negación ambigua]): ustedes pueden hacerlo con una especie animal (espèce d’animal: tipo de animal) totalmente distinta.

Toda la experimentación pavloviana no tendría verdaderamente ningún interés si no se tratara de edificar la posibilidad esencial de la toma de algo (la prise de quelque chose) – que es exactamente (bel et bien), y que no hay que definir de otra manera (pas autrement à définir) sino como el efecto de significante – en un campo que es el campo vivo, lo que no tiene otra repercusión (retentissement) – repercusión teórica me refiero (j’entends) – sino la de permitir concebir cómo, ahí donde se halla el lenguaje, no hay ninguna necesidad de buscar una referencia en una entidad espiritual.

¿Pero quién piensa en eso hoy día? (mais qui y songe maintenant)

¿Y a quién puede interesar eso? (et qui est-ce que ça peut intéresser)

Hace falta de todos modos realzar (relever) que lo que es demostrado por el experimento (expérience) pavloviano, a saber que no hay operación que en cuanto tal interese (intéressant comme telle) los significantes que no implique la presencia del sujeto, no es de todo (tout à fait) lo que de buenas a primeras un vano pueblo (au premier chef un vain peuple) [se] podría pensar.

Esa prueba no es en absoluto el perro que la da, ni siquiera [se la da] al señor Pavlov porque el señor Pavlov construye ese experimento precisamente para demostrar que se pasa olímpicamente de la hipótesis de qué pensará el perro (on se passe parfaitement d’hypothèse sur ce que pense le chien).

El sujeto cuya existencia es demostrada, o más bien la demostración de su existencia, no es de ninguna manera el perro que la da, sino – como nadie lo duda – el mismo señor Pavlov, pues es él quién sopla (souffle dans) la trompeta, él o uno de sus asistentes, poco importa.

He hecho una observación de paso (incidemment une remarque), diciendo que, por supuesto, lo que está implicado en estos experimentos, lo que está implicado es la posibilidad de algo que demuestra la función del significante y su raspecto con el sujeto (rapport au sujet). Pero yo añadía que por supuesto nadie tenía la intención de obtener de esa manera (par là) fuese lo que fuese (quoi que ce soit) del orden de un cambio en la naturaleza de la bestia (de la bête).

Lo que quiero decir con esto (par là) es algo que tiene (a bien) su interés, es que uno no obtiene una modificación siquiera del orden de las que nos hace falta suponer haber tenido lugar, en el momento (temps) en que se hizo pasar ese animal al estado doméstico: hay que (il faut bien) admitir que el perro ¡no es doméstico desde el [tiempo del] paraíso terrenal (terrestre)!

Luego, hubo un momento en que se supo (on a su) hacer de esa bestia no, está claro, un animal dotado de lenguaje sino un animal del que, quizás, me parece que sería quizás interesante sondar si esta cuestión, la que se formula así, a saber: si puede decirse que el perro sabe de alguna manera (si le chien peut être dit en quelque façon savoir) que nosotros hablamos, como parece ser (comme il y a toute apparence), ¿qué sentido dar en ese caso a la palabra “saber”?

Eso parecería (paraîtrait être) una cuestión no menos (tout aussi) interesante, al menos tanto (à tout le moins) como la planteada por la estructura (soulevée par le montage) del reflejo condicional o condicionado. Lo que me sorprende sobre todo es la forma cómo, a lo largo de estos experimentos, no recibimos jamás de los experimentadores (expérimentateurs) el menor testimonio de lo que tiene que ver (ce qu’il en est) – y que sin embargo debe existir – con las relaciones personales, si puedo expresarme así, entre la bestia y el experimentador. No quiero jugar con una cuerda (sur une corde) de la Sociedad Protectora de los Animales, pero confiesen que por otro lado (quand même) sería muy interesante, y que quizás ahí uno aprendería de ello (en: de ellos) un poquito más sobre lo que puede denominarse neurosis al nivel de los animales, que lo que se registra en la práctica (pratique).

Pues uno visa, en la práctica de esas estimulaciones experimentales, cuando uno las lleva al punto de producir esos tipos de desórdenes varios (désordres divers) que van desde la inhibición al ladrido desordenado, y que se califica de neurosis bajo el solo pretexto de que es: primeramente provocado, en segundo lugar (deuxièmement) vuelto completamente inadecuado respecto de las condiciones exteriores como si desde hace mucho el animal no estuviera fuera de todas esas condiciones, y que en ningún caso, evidentemente, no tiene derecho bajo ningún concepto (à aucun titre) a ser asimilado a lo que justamente el análisis puede permitir cualificar como constituyendo la neurosis en un ser que habla (être qui parle).

En resumen, lo vemos, no solamente aquí el señor Pavlov se demuestra en la instauración fundamental de su experiencia, como he dicho, como (être) estructuralista y de la mejor observancia, pero se puede decir que incluso lo que él recibe como respuesta tiene verdaderamente todos los caracteres de lo que hemos definido como fundamental en el raspecto (rapport: relación, nexo, relación de aspecto) del ser hablante al lenguaje, a saber que él recibe su propio mensaje en una forma invertida.

Mi fórmula pronunciada (émise) desde hace mucho, desde hace unos diez años, viene aquí muy al caso de hecho (s’applique ici en effet tout à fait à l’occasion), pues ¿qué sucede? Que él enganchó, puso en segundo plano (abord: acceso) el sonido de trompeta relativamente (par rapport à) la secuencia fisiológica montada por él al nivel del órgano estomacal, y ahora ¿qué es lo que él obtiene? Una secuencia inversa donde es enganchada (accrochée) a ese sonido de trompeta que se presenta la reacción del animal.

No hay ahí para nosotros en todo eso más que un misterio bastante flaco (mince), que además no quita nada al alcance de los beneficios que pudieron, al nivel de tal o cual punto del funcionamiento cerebral, producirse en esa especia de experimentación.

Pero lo que nos interesa es su perspectiva (visée), y que su perspectiva no sea obtenida sino a costa (au prix) de un cierto desconocimiento de lo que constituye en principio la estructura de la experiencia, eso es lo que está hecho para alertarnos en cuanto a lo que esa experiencia representa en cuanto acto.

Pues ese sujeto – aquí Pavlov en esta ocasión – no hace muy exactamente, y sin darse cuenta de ello, [otra cosa] que recoger bajo la forma más correcta el beneficio de una construcción que es muy exactamente asimilable a la que se nos impone desde [el momento en] que se trata del raspecto del ser hablante al lenguaje.

Ahí está lo que, en todos los casos, merece ser puesto en evidencia, al menos (ne serait-ce que) para ser deducido (défalqué) de la punta demostrativa de cualquier operación.

A propósito de todo un campo de las actividades dichas “científicas” en un cierto período histórico, esta perspectiva de reducción dicha “materialista” bien merece ser tomada como tal, por lo que ella es, a saber: sintomática.

“Eso tendría que creer en Dios”, exclamé (« Fallait–il que ça crût en Dieu », m’écrierais–je !)

Y en realidad, es tan verdadero que toda esta construcción dicha “materialista” u “organicista” – lo decimos aún, en medicina – es bastante bien recibida por las (des) autoridades espirituales. A fin de cuentas, todo esto nos lleva al ecumenismo.

Hay una cierta forma de operar la reducción del campo divino que, en su última instancia (terme), en su última resorte, es de hecho favorable a que el pescado menudo (poissonnaille) sea enfin recogido en la misma red.

Esto – hecho sensible que se despliega manifiestamente ante los ojos de ustedes – debería sin embargo inspirarnos un cierto paso atrás (recul) en cuanro a lo que tiene que ver con – si puedo decirlo – las relaciones (rapports) con la verdad en un cierto contexto:

si elucubraciones de lógicos (Staferla: [“Les scholastiques”]) considerados como relegados hacia el orden de los valores del pensamiento, en un tiempo caduco (périmé) que se llama la Edad Media, podían llevar a cabo (entraîner) condenas capitales (des condamnations majeures);

y si en tal o cual punto que son de doctrina en el campo sobre el cual operamos, y que se llamaba las “elecciones”, dicho de otra manera las “herejías”, la gente venía en un santiamén (très rapidement) a estrangularse y a intermasacrarse (s’entre-massacrer)

¿por qué pensar que esos son efectos – como decimos – efectos del fanatismo? (fanatisme · fantasme)

¿Por qué – dios – invocar ese registro (grand Dieu – l’invocation d’un tel registre), cuando puede que fuera suficiente concluir a partir de ahí que ciertos (tes ou tels) enunciados acerca de las relaciones hacia el saber (relations au savoir) podían comunicar, ser infinitamente – en ese tiempo – más sensibles en el sujeto a unos (des) efectos de verdad?

Ya no preservamos de todos esos debates que llamamos con razón o sin ella (à tort ou à raison) teológicos – tendremos que volver a esto, a lo que es la “teología” – más que textos que sabemos leer más o menos bien y que no merecen, en muchos casos, de ninguna manera el atributo (titre) de polvorientos (poussiéreux).

Lo que no sospechamos quizás es que eso quizás tenía consecuencias inmediatas, directas, en el mercado, a la puerta de la escuela, o en la necesidad en la vida del hogar (vie du ménage), en las relaciones sexuales (rapports sexuels).

¿Por qué la cosa no sería concebible? Bastaría con introducir otra dimensión que la del fantasme, la de lo serio (sérieux · série eux) por ejemplo. ¿Cómo es que, para lo que se enuncia en el marco de nuestras funciones pedagógicas (enseignantes: demostrativas, expositivas) y de lo que se llama “la Universidad”, cómo es que, en el conjunto, las cosas sean de tal manera que no sea absolutamente escandaloso formular que todo lo que nos es distribuido por la Universitas litterarum, la Facultad de letras, que tiene aún el control de (la haute main sur) lo que se llama noblemente las “ciencias humanas”… es un saber dosificado de tal forma que no tiene de hecho, en ningún caso, ningún tipo de consecuencia?

Es verdad (vrai) que hay el otro lado: la Universitas litterarum no conserva ya demasiado (très) bien su parte del pastel (assiette: ración) pues hay otra cosa que se metió ahí (qui s’y est introduit) y que se llama la Facultad de ciencias.

Les haré notar que por parte de la Facultad de ciencias, a razón del mode de inscripción del desarrollo de la ciencia en cuanto tal (comme telle), las cosas no son quizás tan distantes, pues ahí se vió (s’est avéré) que la condición del progreso de la ciencia es que no se quiera saber nada de las consecuencias que ese saber de la ciencia conlleva al nivel de la verdad. Esas consecuencias uno deja que se desarrollen ellas solas (toutes seules).

Durante un tiempo considerable del campo histórico, personas que merecían desde entonces plenamente (d’ores et déjà bel et bien) el título de sabias observaban dos veces antes de poner (à mettre) en circulación ciertos aparatos, ciertos modos del saber que ellos habían intuido (entrevus) perfectamente.

Y yo nombraré el sr. Gauss por ejemplo, que de todos modos es de bastante conocido, que había tenido al respecto unos puntos de vista bastante adelantados (des vues assez anticipatoires). Él dejó que otros matemáticos las pusieran en circulación una treintena de años más tarde, aunque ya se encontraban en sus papelitos (alors que c’était déjà dans ses petits papiers). Le apareció (il lui était apparu: le pareció, él vio) que quizás las consecuencias al nivel de la verdad merecían ser tomadas en consideración.

Todo esto para decirles que la complacencia, en fin, la consideración de qué goza la teoría pavloviana al nivel de la Facultad de ciencias, donde ella tiene el máximo prestigio, se basa (tient) quizás en esto que pongo de relieve (dont je donne l’accent) y que es su dimensión fútil propiamente hablando.

Fútil, quizás ustedes no saben qué quiere decir eso, de hecho yo tampoco lo sabía hasta cierto momento, hasta el momento en que me encontré, me encontré dándome de caras (trouvé tomber) por casualidad con el empleo de la palabra “futilis” en un rincón de Ovidio, donde quiere decir, propiamente hablando: un vaso (vase) que huye (fuit). La fuga (fuite)…. – espero haberla discernido suficientemente – …se encuentra en la base del edficio pavloviano, a saber:
que aquello que se trata de demostrar no tiene que ser demostrado (n’a pas à être démontré), puesto que es dicho ya al principio,

que simplemente el señor Pavlov demuestra ahí ser (s’y démontre) estructuralista, a un punto que ni él mismo sabe (à ceci près qu’il ne le sait pas lui-même), pero que eso quita evidentemente todo alcance a lo que podría pretender ser ahí [una] demostración cualquiera.

Además lo que hay que demostrar no tiene en verdad más que un interés muy reducido, siendo (étant donné) que la cuestión de saber qué pasa con Dios (ce qu’il en est de Dieu) se oculta fuera, de hecho (tout à fait ailleurs · tu t’as fait tailleurs).

Y para abreviarlo (pour tout dire), todo lo que oculta de fundamentos para la creencia, de esperanza de conocimiento, de ideología de progreso, en el funcionamiento pavloviano, si ustedes miran de cerca, no reside sino en esto: que las posibilidades que demuestra la experimentación pavloviana se supone que estan ya allá en el cerebro.

Que uno obtenga de la manipulación del perro – en ese contexto de la articulación significante – efectos, resultados, que sugieren la posibilidad de una más alta complicación de esas reacciones, eso es algo que nada tiene de sorprendente puesto que esa complicación la introducimos nosotros. Pero lo que está implicado se halla enteramente (est tout entier) en lo que yo ponía en evidencia hace un momento, a saber, si las cosas que uno revela, ya se encuentran allá anteriormente (auparavant).

Aquello de que se trata cuando se trata de la dimensón divina y generalmente de la del Espíritu, gira totalmente (tout entier) en torno a esto: ¿qué es lo que suponemos que ya está ahí antes de que lo descubramos (en fassions la trouvaille)?

Si en todo un campo se verifica que sería no fútil sino ligero pensar que ese saber ya se encuentra (est) ahí esperándonos (à nous attendre) antes de que lo hiciésemos surgir, esto podría hacernos hacer un replanteamiento tan más profundo que de eso mismo se tratará a propósito del acto psicoanalítico (ceci pourrait être de nature à nous faire faire de tellement plus profondes remise en question que c’est bien ce dont il va s’agir à propos de l’acte psychanalytique).

La hora me obliga a señalar la premisa que sostengo (pointer le propos que je tiens) ante ustedes hoy. Ustedes verán el próximo día acercando lo que es el acto psicoanalítico a este modelo ideológico, del que les he dicho que su constitución paradójica está compuesta de (est faite de ceci):

que alguien puede fundar una experiencia sobre supuestos que él mismo ignora profundamente,
y qué quiere decir eso de que lo ignora (l’ignore · ligne or, ligne hors).

Esto no es la única dimensión a poner en juego – la de la ignorancia, me refiero – concerniendo a los supuestos mismos estructurales de la instauración de la experiencia, hay otra dimensión más original, y a la que he hecho desde hace mucho tiempo alusión, es la que el próximo día (fois) me permitiré introducir a su vez.

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