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Hablando del acto psicoanalítico tengo, si puedo decirlo, dos ambiciones, una larga y una corta, y forzosamente la corta es la mejor.

La larga, que no puede ser descartada, es esclarecer qué pasa (ce qu’il en est) con el acto.

La corta, es saber en qué [se aprecia que] hay el psicoanalista (en quoi il y a le psychanalyste).

Ya en algún escrito anterior (passé) hablé de el psicoanalista, no ”del”, a descomponer “de el” psicoanalista, yo dije que no partía sino de esto: que hay psicoanalista.*

[Staferla: Cf. Écrits, op. cit., « Du sujet enfin en question », p.236. *En francés se utiliza el partitivo: “il y a du pychanalyste” – sería como decir que hay un objeto concreto sin determinar su cantidad, como en “hay pan” contra “hay un pan” o “hay dos rebanadas de pan”. Decir que “hay psicoanalista” es decir que hay un objeto que es necesariamente parcial. De ahí también el nombre de “partitivo”. El psicoanalista, en efecto, es un objeto resto: ni restante ni restado, ni susceptible de restar ni de ser restado.]

La cuestión de saber si hay “el” psicoanalista no hay que suspenderla para nada (n’est pas non plus du tout à mettre en suspens), es la de saber cómo hay “un” psicoanalista, que es una cuestión que se coloca más o menos en los mismos términos que lo que uno llama en lógica la cuestión de la existencia.

El acto psicoanalítico, si es un acto – fue de ahí precisamente donde, el año pasado, salimos – es algo que nos coloca la cuestión de articularlo, de decirlo, lo que es legítimo e incluso, yendo más lejos, lo que implica consecuencias de acto en la medida en que el acto es él mismo, por su propia dimensión, un decir (un dire): el acto dice alguna cosa y es de ahí donde salimos (c’est de là que nous sommes partis).

Esta dimensión es apercibida (aperçue · a perçu) desde siempre, ella está presente en el hecho, en la experiencia. Basta [con] evocar incluso [solo] un instante fórmulas, y fórmulas pregnantes, fórmulas que actuaron como la de ”actuar según su consciencia” (“agir selon sa conscience”), para captar aquello de que se trata.

Actuar según su consciencia, esa es precisamente una especie de punto medio (médium) en torno al que puede decirse que haya girado la historia del acto, o que uno pueda tomar así como punto de partida para centrarlo.

Actuar según su consciencia, ¿por qué, y ante quién? La dimensión del otrA en la medida en que el acto viene ahí dar testimonio de que algo ya no es eliminable. Es decir, por supuesto, que esté ahí el verdadero eje (tournant), el centro de gravedad?

Podemos incluso [por] un instante sostenerlo desde donde estamos, es decir desde donde la consciencia como tal es cuestionada (mise en question). Cuestionamiento (mise en question) de la medida que ella puede dar ¿a qué?

Sin duda no al saber, a la verdad tampoco. Es de ahí que volvemos a salir (repartons) retomando la medida: de lo que no está definido aún, de lo que no está verdaderamente ceñido (serré), de lo que aquí solamente es introducido, incluso no supuesto: el acto psicoanalítico, para reinterrogar ese punto de equilibrio en torno al que se soloca la cuestón de lo que es el acto.

En el horizonte, por supuesto, nosostros lo sabemos, un amplio (vaste) rumor, un rumor que viene de lejos, que nos llega (vient) de tiempos que llamamos (on appelle) clásicos, o de lo que se llama aún nuestra Antigüedad donde sin duda sabemos que todo lo que se dijo sobre el sujeto del acto ejemplar, del acto meritorio, del plutarquismo si ustedes lo desean (si vous voulez), ciertamente ya sentimos que hay algún exceso de estima de sí (un peu trop d’estime de soi) que entra en el juego y sin embargo, ¿tan distantes estamos? (en sommes-nous si distancés?)

Si pensamos que hoy en torno a un discurso, a un discurso sobre el sujeto, que retomamos el acto y que nuestra ventaja no tendría que ver con nada (ne saurait tenir à rien) sino [con] esto: que nos hizo angostar (rétrécir) el punto de apoyo de ese sujeto imponiéndonos la más dura (rude) disciplina, no queriendo tener por segura más que esta dimensión por la que él es el sujeto gramatical, tengamos claro (entendons bien) que no hay ahí nada de nuevo, que el año pasado en nuestra presentación de (exposé de) la Lógica del fantasma marcamos en su lugarm en el lugar del “yo no pienso”, esa forma del sujeto que aparecía como en desportilladura (écornure) del campo a él reservado, esta dimensión propiamente de la gramática que hacía que el fantasma podía ser dominado literalmente por una frase y una frase que no se sostiene, que no se concibe de otra manera que la dimensión gramatical, Ein Kin wird geschlagen, Alguien pega a un niño*, nosotros la conocemos.

[On bat un enfant; la traducción de Lacan ilustra la significancia de una distinta ley gramatical, aunque podemos traducir, infringiendo esa ley, por Un niño es pegado, como hace Juan Bauzá.]

[Staferla: S. Freud, G.W., XII, p. 197. – Contribution à l’étude de la genèse des perversions sexuelles, On bat un enfant, Revue française de psychanalyse, Tome VI, n° 3-4, Paris, Denoël & Steele, 1933. Résultats, idées, problèmes, t.1, Paris, PUF 1998.]

Ahí está la coordenada (point de donnée) más segura en torno a la cual – en nombre de esto que proponemos (posons) también a título disciplinario [de] que no hay metalenguaje, que la lógica misma debe ser extraída de ese dato (cette donnée) que es el lenguaje – es en torno a esta lógica, en contrapartida, que hicimos girar (tourner) esa triple operación a la que, por una especie de tentativa (tentative), de ensayo (essai: intento) de adivinación, de riesgo, dimos la forma del grupo de Klein, operación que empezamos por apuntar en el encaminamiento (cheminement) de origen por donde la habíamos abordado, por los términos: de alienación, de verdad y de transferencia.

[Staferla: Cf. séminaire La logique du fantasme 1966-67 : le groupe de Klein à partir de la séance du 14-12, et à propos du sujet grammatical (référence au fantasme Ein Kind wird geschlagen) séance du 11-01.]

Sin duda, no son sino apuntes y, si son recurridos en ciertos sentidos, al menos para nos encontrarmos en ellos (nous y retrouver), para soportar lo que estas operaciones pueden representar para nosotros, somos forzados a darles otro nombre pero, evidentemente, con la condición de nos darmos cuenta de que se trata del mismo trayecto.

Entonces, es a partir de la subversión del sujeto* – que hemos ya desde hace unos diez años suficientemente articulado para que se conciba cuál es el sentido que adquiere este término en el momento en que decimos que es a partir de la subversión del sujeto – que tenemos que retomar la función del acto, para que veamos que es entre este sujeto gramatical, el que está ahí inscrito, por decirlo así (on peut dire), en la noción misma de acto, de la forma cómo él se nos hace presente (nous est présentifié), el “yo” de la acción, y ese sujeto articulado en estos términos escurridizos (glissants), siempre listos para rehuirnos en un desvío (nous fuir d’un déplacement), de un salto hacia una de las cimas (sommets) de este “tetraedro” que ya el último día yo había aquí reproducido recordándoles estas funciones y estos términos.

[* Staferla: J. Lacan, « Subversion du sujet et dialectique du désir dans l’inconscient freudien », Écrits, op. cit., p.793. Le graphe produit dans ce texte a été élaboré au cours des premières séances du séminaire (le premier trimestre 1957) Les formations de l’inconscient, Paris, Seuil, 1998. Dans ce même article, Lacan fait référence à La phénoménologie de l’esprit de Hegel dont il va être question dans la suite de cette séance.]

1

aquí, la posición del “o – o” (« ou – ou ») de donde parte la alienación original, la que aboca al (aboutit au: desemboca en el) “yo no pienso”, para que él pueda siquiera (même) ser elegido – ¿y qué quiere decir esa elección?

ahí, el “yo no soy” que articula el (en articule) otro término. Esos vectores, más exactamente esas direcciones en las que son tomadas las operaciones fundamentales, siendo aquellas que he recordado hace un momento bajo los términos de alienación, de verdad y de transferencia, ¿qué quiere decir eso, dónde nos conduce?

El acto psicoanalítico, lo planteamos como consistente por esto (consistant en ceci: consistiendo en esto): por dar soporte a (de supporter) la transferencia – no decimos [por]que soporta: aquél que hace el acto (fait l’acte), el psicoanalista pues, implicitamente – esa transferencia que sería una pura y simple obscenidad, diré yo (dirai-je), redoblada de farfulla (bafouillage), si no le volviéramos a dar (redonnions: rediéramos) su verdadero nudo en la función del sujeto supuesto saber.

Aquí lo hemos hecho desde hace un tiempo, al demostrar (démonstrant) que todo lo que se articula en (de) su diversidad como efecto de transferencia no podría (saurait) ordenarse sino siendo colocado en relación (qu’à être rapporté) a esa función verdaderamente fundamental, por todos lados presente, en todo lo que conlleva algún progreso de saber (dans tout ce qu’il en est d’aucun progrès de savoir) y que toma aquí su valor justamente por[ el hecho de ]que la existencia del inconsciente la cuestiona, una cuestión jamás planteada porque tenemos (de ce qu’on ait · de ce connaît) siempre la respuesta, si se puede decir, implicitamente, la respuesta desapercibida incluso – que a partir del momento en que hay saber hay sujeto y que hace falta algunos desniveles (décalages), algunas fisuras, algunos estremecimientos (ébranlements), algunos momentos de juego en este saber para que de golpe uno se dé cuenta (on s’avise), para que así se renueve ese saber. ¿Quién lo sabía antes? Esto es revelado tan pronto (à peine… au moment où) como eso tiene lugar (se passe), pero es el campo del psicoanálisis que lo vuelve inevitable.

¿Qué ocurre con el sujeto supuesto saber puesto que tenemos que vérnoslas con esa especie de impensable que en el inconsciente nos sitúa (nous situe: sitúa para nosotros) un saber sin sujeto?

Por supuesto se trata ahí de algo también de que uno no puede no darse cuenta (s’aviser): de seguir considerando que el sujeto está implicado en ese saber, se trata (c’est) simplemente de dejar salir (fuir: huir) todo lo que es (ce qu’il en est de · ce qu’il en naît de: lo que nace de) la eficiencia de la represión (refoulement) y que no es concebible de ningún otro modo que por (en) esto, que el significantes presente en el inconsciente y susceptible de retorno es precisamente reprimido porque (en ceci… que):

– (qu’il · EN: kill: matar) no implica sujeto (point de sujet)
– ya no es lo que representa un sujeto para otro significante
– que es esto que se articula con (à) un otro significante sin por eso (pour autant) representar para él (y: ahí, en ese caso) un sujeto
– que no hay otra definición posible de lo que es verdaderamente la función del inconsciente en la medida en que (pour autant que) el inconsciente freudiano no es simplemente eso (cet: ese) implícito o eso oscurecido (obscurci), o eso arcaico o eso primitivo, que el inconsciente es siempre de un registro muy distinto (tout autre registre).

En el movimiento instaurado como “hacer” en ese acto de soportar o de aceptar – como quieran – la transferencia, la cuestión es: ¿qué deviene el sujeto supuesto saber?

Voy a decirles que el psicoanalista en principio lo sabe, eso que deviene (le sait ce qu’il devient): sin duda, tumba (il choit: él [se] cae). Lo que es implicado teóricamente – se lo acabo de decir (je viens de vous le dire) – en esa suspensión del sujeto supuesto saber, ese rasgo (trait) de supresión, esa barra sobre la S que simboliza en el devenir del analista en el análisis, ella se manifiesta en [el hecho de] que algo se produce y en un lugar ciertamente no indiferente para el (au) psicoanalista pues es en su lugar mismo (sa propre place) que eso despunta (cette chose surgit).

Eso (cette chose) se llama el objeto (a).

El objeto (a)menudo es la realización de esa especie de deser (sorte de désêtre) que alcanza (frappe: golpea, sorprende) el sujeto supuesto saber. De que sea el analista – y como tal – que venga a ese lugar no cabe duda (n’est pas douteux) y se marca en todas las inferencias, si puedo decirlo, donde él se sintió implicado a punto de no poder hacer [nada] sino retroceder (infléchir: hacer una inflexíón) [en cuanto al, en] el pensamiento de su práctica en este sentido de la dialéctica de la frustración, como saben ustedes, ligada en torno a que él mismo se presenta como la substancia con la que (dont il) hay juego y manipulación en el “hacer” analítico.

Y es justamente al desconocer lo que hay de distinto entre ese “hacer” y el acto que lo permite, el acto, si puedo decirlo yo que lo instituyo (si je puis dire qui l’institue: si puedo decirlo ¿quién lo instituye?), aquél del que he partido hace un momento definiéndolo como esa aceptación, ese soporte dado al sujeto supuesto saber, a eso a que sin embargo el psicoanalista sabe que está votado al deser (voué au désêtre · désastre), y que así pues constituye si puedo decirlo un acto en voladizo (porte-à-faux) puesto que no hay sujeto supuesto saber, puesto que no puede haber [tal sujeto, tal cosa] (il ne peut pas en être) a menos que sea alguien que lo sepa (que s’il est quelqu’un à le savoir), es el psicoanalista de entre todos (entre tous).

Hace falta que sea ahora o simplemente un poquito más tarde, pero por qué no ahora, por qué no enseguida aunque (quitte à) vuelva después a aquello de qué se trata. Todo esto yo espero hacérselo más familiar para ustedes recordándoles las coordenadas en otros registros, en otros enunciados… hace falta recordarles que la tarea psicoanalítica en la medida en que se dibuja [a partir] de este punto, si puedo decirlo, del sujeto ya alienado y en un cierto sentido ingenuo (naïf) en su alienación, aquél que el psicoanalista sabe definirse (sait être défini: sabe que se define [el psicoanalista respecto del sujeto alienado]) por el “yo no pienso”, que aquello cuya tarea le plantea (ce à quoi il le met à la tâche) es un “yo pienso” que toma justamente toda su énfasis (accent) [del hecho] de que él sepa el “yo no pienso” inherente al estatuto del sujeto:

2

Él le plantea una tarea de un pensamiento que se presenta de alguna manera en su enunciado mismo, en la regla que él le entrega (qu’il lui en donne), como admitiendo esa verdad innata (foncière) del “yo no pienso”:
– que él asocie y [lo haga] libremente,
– que él no busque aber si él está o no ahí entero como sujeto, si él se afirma ahí.

La tarea a la que el acto psicoanalítico da su estatuto es una tarea que implica ya en ella misma esa destitución del sujeto.

¿Y dónde nos lleva eso? Hay que acordarse – no hay que estar todo el rato olvidándolo (il ne faut pas passer son temps à oublier) lo que de eso se articula en Freud expresamente – del resultado.

Eso tiene un nombre y Freud no nos lo ha mascado (mâché)… es algo que es por dios (qui est ma foi) tanto más para poner de relieve (mettre en valeur) que como experiencia subjetiva eso nunca se había hecho antes del psicoanálisis – eso se llama la castración que hay que tomar en su dimensión de experiencia subjetiva en la medida en que en ningún lado, sino por esa vía, el sujeto se realiza (ne se réalise) exactamente en la medida en que falta (manque), lo que quiere decir que la experiencia subjetiva desemboca en esto que simbolizamos –ϕ.

Pero si todo uso de la letra se justifica demostrando que basta con el recurso (il suffit du recours) a su manipulación para no engañarse – con la condición de que uno sepa utilizarlo, por supuesto [cf. D. Lagache] – no quita que estamos en nuestro derecho de al menos intentar poder poner ahí (y mettre) un “existe” que yo evocaba hace un momento a propósito del psicoanalistaal inicio de este discurso de hoy, y que ese “existe” en cuestión, ese “existe” de una falta, nos hace falta encarnarlo en lo que le da efectivamente su nombre: la castración, es decir que el sujeto realice (réalise: se dé cuenta) ahí que no tiene el órgano de lo que yo llamaría – puesto que hace falta elegir un término – el goce único, unario, unificante.

Se trata propiamente de lo que hace uno el goce en la conjunción de los sujetos de sexo enfrentado (opposé: opuesto, puesto delante, de frente), es decir aquello sobre que insistí el año pasado señalando que no hay realización subjetiva posible del sujeto como elemento, como par (partenaire) sexuado, en lo que se imagina (ce qu’il s’magine) como unificación en el acto sexual.

Esta incommensurabilidad que intenté ceñir (serrer) ante ustedes el año pasado utilizando el número de oro* en la medida en que es el símbolo que da más juego (qui laisse jouer au plus large) – hay algo ahí en que (sur lequel) no puedo insistir por el hecho que es del registro matemático – esta incommensurabilidad, este nexo del (a)menudo con el 1, puesto que es el (a)menudo que he retomado no sin intención para simbolizarlo, ese número de oro, ahí está donde se juega lo que aparece como realización subjetiva al final de la tarea psicoanalítica, es decir esa falta, ese “no está el órgano” (“n’a pas l’organe” · napalm, or, orgasme).

[*(Staferla) Lacan introduit le nombre d’or lors de la séance du 1er mars 1967 du séminaire La logique du fantasme, op. cit. Il utilisera ce nombre, modèle de la division anharmonique, comme métaphore de ce qu’il n’y a pas d’acte sexuel, dans les séances des 08-03, 12-04, 26-04, 10-05. Sur cette question de la division anharmonique, on pourra se référer à l’étude qu’en a fait Erik Porge : Se compter trois, Paris, Érès, 1989, pp.129-135.]

Esto evidentemente no es sin segundo plano (arrière-plan) si pensamos (songeons) que el órgano y la función son dos cosas distintas y tan distintas que se puede decir – vuelvo a ello de vez en cuando – que el problema es saber qué función hay que (faut) dar a cada órgano.

Ese es (c’est là: ahí está) el verdadero problema de la adaptación de lo viviente.

Cuantos más órganos, más liado(empêtré) está por ellos. Pero detengámonos (suspendons).

Se trata pues de una experiencia aquí limitada, de una experiencia lógica y después de todo por qué no, puesto que por momentos (un instant) hemos saltado al otro plano, al plano de las proporciones (rapports) de lo viviente a sí mismo (soi-même), y que nosotros no abordamos más que por el esquema de esa aventura subjetiva.

Tenemos (il nous faut) que recordar aquí que del punto de vista de lo viviente todo esto después de todo puede ser considerado como un artefacto, y que la lógica sea el lugar de la verdad no cambia ahí nada, pues la cuestión, la cuestión que hay al final, es justamente esta a la que sabremos dar toda su énfasis llegado el momento (en son temps): ¿qué es la verdad?

Pero entonces nos importa ver que esas dos líneas, la que he designado como la tarea, el camino recorrido por el psicoanalizante en la medida en que va del sujeto ingenuo (naïf), que es también el sujeto alienado, a esa realización (réalisation) de la falta en cuanto – se lo indiqué (fait remarquer) en la última sesión (fois)

– no es – esa falta – lo que sabemos ser en el lugar del “yo no soy” esa falta, ella estaba allí desde el comienzo,
– que desde siempre sabemos que esa falta es la esencia misma de ese sujeto al que se (on) llama “hombre” a veces,
– que del hombre es el deseo, ya lo hemos dicho, que es la esencia y, simplemente, esa falta hizo un progreso en la articulación, en su función de ὀργανον [organon], progreso lógico esencialmente en esa realización como tal de la falta fálica.

Pero ella [esa falta fálica] conlleva que la pérdida en la medida en que estaba allá desde un principio, en ese mismo punto, antes de que el trayecto sea recorrido (le trajet en soit parcouru) y simplemente para nosotros que sabemos – la pérdida del objeto que se halla en el origen del estatuto del inconsciente – y esto ha siempre sido expresamente formulado por Freud – ea realizado en otro lugar.

Él lo es precisamente – es de ahí de donde he partido – al nivel del deser (désêtre) del sujeto supuesto saber.

3

Es en la medida en que aquél que da el soporte a la transferencia – que está ahí debajo de la línea negra – que – él – sabe de donde parte, no que sea – él sabe con creces (il ne sait que trop bien) que no es ahí, que no es el sujeto supuesto saber – sino que él es alcanzado (rejoint) por el deser (désêtre) que soporta (que subit: que es sufrido por) el sujeto supuesto saber, que al final es él, el analista, que da cuerpo a lo que ese sujeto deviene, bajo la forma del objeto (a)menudo.

Así, como es de esperar, és está conforme con toda noción de estructura, la función de la alienación que había al principio y que hacía que nosotros no partéramos más que de la cima – arriba a la derecha – de un sujeto alienado, se reencuentra al final igual a ella misma, si puedo decirlo, en el sentido en que el sujeto que se ha realizado en su castración por la vía de una operación lógica, ve alienar, remitir al otro, descargarse (de décharger) si puedo decirlo – y es esa (c’est là: está ahí) la función del analista – de ese objeto perdido en cuya (d’où dans la) génesis podemos concebir que se origina toda la estructura.

De ahí la distinción: la alienación del (a)menudo cuando él viene aquí, se separa del menor phi (–ϕ) que al final del análisis, idealmente, es la realización del sujeto.

Ese es el proceso de que se trata (dont il s’agit · “sagit”: por el que él [el psicoanalizante] se hace “sabedor”).

Hay un segundo tiempo en esta enunciación que hoy persigo ante ustedes. Abro ahí un paréntesis para alojar aquello ante qué, hace un momento, me he detenido.

Lo que yo habría podido hacer – una introducción –, haré ahora un resumen (rappel: recordatorio), es esto: no es casualidad – juego escolar, idea de tomar un punto familiar de aquello con que nos han cosquilleado (chatouillé · chatte ouillée: coño relleno; châtiment: castigo) el cerebro al final de la ESO – que me refiero al cogito de Descartes, es que él conlleva en él ese elemento particularmente favorable a realojar (y reloger) el desvío freudiano – no ciertamente para demostrar no sé qué coherencia histórica, como si todo eso debiera empalmarse (se rabouter) de siglo en siglo en una forma de progreso [teleológico], cuando no es sino muy evidente que si hay algo que eso evoca es más bien la idea del laberinto.

Pero qué importa, dejemos (mais qu’importe, laissons…)

Mirando de cerca el cogito de Descartes, observen que el sujeto que ahí se supone (qui y est supposé) como ser, puede muy bien ser el del pensamiento, ¿pero de qué pensamiento, en suma?

De ese pensamiento que acaba de (vient de) rechazar todo [el] saber. No se trata de lo que hacen después de Descartes todos aquellos que – meditando sobre la inmediatez del “yo soy” al “yo pienso”… fundan una evidencia que a su antojo (gré) hacen consistente o resbaladiza (fuyante).

Se trata del acto cartesiano mismo en la medida en que es un acto. Lo que se nos cuenta de ello (nous en est rapporté) y dice es precisamente en decirle que él es acto, es ese punto donde se alcanza (s’achève: se acaba, se completa) una suspensión (mise en suspens) de todo saber posible. Que se encuentre ahí lo que asegura el “yo soy”, ¿es el ser pensado del cogito o es la expulsión (rejet: rechazo) del saber?

La cuestión vale la pena ser planteada si uno piensa en lo que se llama en los manuales de filosofía los sucesores, la posteridad de un pensamiento filosófico, como si se tratara simplemente de recuperar (reprise de: retoma de) trozos de melaza (morceaux de mélasse · morts sots: muertos tontos; hélas: lástima) para hacer con ellos otra mezcla, cuando (alors qu’) se trata en cada ocasión (à chaque fois) de una renovación, de un acto que no es forzosamente el mismo, y que si nosotros aprehendemos Hegel, por supuesto ahí también como en cualquier otro sitio (là encore comme partout d’ailleurs) reencontramos la suspensión del sujeto supuesto saber, en el sentido en que (à ceci près que) no es por nada que ese sujeto está destinado a darnos, al final de la aventura, el saber absoluto.

Pero para ver lo que eso quiere decir, hace falta ver un poco más de cerca, y ¿por qué no mirar desde el comienzo? Si La fenomenología del espírito – ella – se instituye expresamente al engendrarse por su función de acto, ¿acaso no es visible en la mitología de la “lucha a muerte de puro prestigio” que ese saber de origen – al deber trazar su camino hasta devenir ese impensable “saber absoluto” en el que se puede incluso preguntar, pues Hegel lo formula, lo que podrá tener ahí lugar, incluso un solo instante, de sujeto – que ese saber de principio que nos es presentado como tal, es el saber de la muerte, es decir una otra forma extrema, radical, de puesta en suspenso (mise en suspens) como fundamento de ese sujeto del saber?

¿Acaso no tiene que parecernos notable (est-ce que nous n’avons pas à trouver remarquable), al reinterrogar del punto de vista de las consecuencias esto, de que desde luego nos resulta (est) fácil apercibirnos que lo que la experiencia analítica propone como objeto (a)menudo – en la vía de mi discurso, en la medida en que no hace más que resumir, que señalar, que dar su signo y su sentido a que esa experiencia se articule por todas partes, hasta en el desorden y la confusión que engendra – ese objeto(a), ¿no vemos que él viene al mismo lugar donde se halla, al nivel de Descartes ese rechazo del saber, al nivel de Hegel, ese saber como “saber de la muerte”, del que sabemos que sin duda esa es su función?

Y que es “saber de la muerte”, articulado precisamente en esa lucha a muerte de puro prestigio en la medida en que ella funda el estatuo del amo, es de ella que procede esa Aufhebung del goce, que él devino su razón (qu’il en est rendu raison), que es como renunciante (renonçant: renunciando) – en un acto decisivo – al goce para hacerse sujeto de la muerte que el amo se instituye, y que es igualmente para nosotros – lo subrayé en su momento – que se promueve la objeción que podemos hacer [relativamente] a esto, por una singular paradoja inexplicada en Hegel, es al amo que el goce daría (ferait: haría) retorno de esa Aufhebung.

Muchas veces hemos preguntado: ¿y por qué?

Por qué? – si es para no renunciar al goce que el esclavo deviene esclavo – ¿por qué, por qué no lo conservaría? (garderait-il)

¿Por qué volvería (reviendrait-il) al amo, cuyo estatuto es precisamente el de haber renunciado a ello (dont c’est précisément le statut que d’y avoir renoncé*), sino bajo una forma de la que quizás podemos exigir un poco más que el turno de pirula (tour de passe-passe) de la maestria (en el orig.: maestria) hegeliana para nos darmos cuenta de ella?

[*La construcción sintáctica, ambigua respecto de quién es el sujeto y objeto de la renuncia, sugiere que son sujeto y sujeto, que ambos están en posición de renuncia, y que hasta cierto punto, y sin perder la distinción, las posiciones pueden co-incidir, es decir: devenir una misma tópicamente, localmente. Otra idea subyace: la de que el amo sería aquél que renunció a la posición de esclavo, como si esta estuviera predefinida y todo devenir-amo careciera de una renuncia a la subjetividad cercenada y subsidiaria del esclavo. Sin embargo, Jacques acaba de afirmar de “es para no renunciar al goce que el esclavo deviene esclavo” indicando que no hay posición predefinida – cosa que, por otro lado, me parece falsa porque uno puede nacer condicionado de tal forma que difícilmente pueda no devenir o permanecer esclavo. Entonces, la pregunta sería más bien sobre el beneficio de devenir, sencillamente, en la medida en que todo devenir conlleva una expectativa (de un goce imaginario) y una pérdida de goce (el conocido).]

No es moco de pavo (pas un mince test) si podemos tocar en la dialéctica freudiana un manoseo (maniement: manejo, manipulación) más riguroso, más exacto y más conforme a la experiencia de lo que es del devenir del goce después de la primera alienación. Ya lo he indicado suficientemente a propósito del masoquismo [como] para que se sepa aquí lo que quiero decir y que no indico sino una [sola] vía a retomar. No podemos sin duda alongarnos (attarder) hoy [en este punto] pero hacía falta que el cebo (l’amorce · la mort) fuera indicada en su lugar [propio].

Para proseguir nuestro camino y proseguirlo en función de lo que es el acto psicoanalítico, no habemos hecho nada hasta el momento (ici) – quiero decir en lo que he dicho hace un momento – sino demostrar lo que él genera con su “hacer”.

Para ir un paso más allá (loin), vayámonos al único punto en el que el acto puede ser interrogado: en su punto de origen. ¿Qué nos es dicho?

Ya lo evoqué el último día, que es en términos (au terme: en el término, al final) de un psicoanálisis supuestamente acabado (achevée · HV) que el psicoanalizante puede devenir psicoanalista.

No se trata aquí en absoluto (pas ici du tout [orden inusual]) de justificar la posibilidad de esta junción. Se trata de plantearla (la poser) como articulada y de ponerla a prueba con (à l’épreuve de) nuestro esquema tetraédrico.

4

Como pueden ustedes notarlo, es el sujeto que cumplido (accompli) la tarea al cabo de la que se realizó como sujeto en la castración en la medida en que hace falta (défaut fait: hace déficit; · de(s) faux faits: falsos hechos) al goce de la unión sexual, es aquél que debemos ver – por una rotación si quieren, o un vuelco (bascule), a un cierto número de grados, aquí, tal como está dibujada esta figura, a 180 grados – que debemos ver pasar, volver a la posición de inicio, cuando se realizó aquí, aproximadamente (à ceci près), como ya lo subrayé, que el sujeto que viene aquí (Staferla: arriba a la derecha) sabe en qué consiste la experiencia subjetiva y que esa experiencia implica también, si puedo decirlo, que a su izquierda se queda lo que pasó (advenu) con aquél cuyo acto se halla responsable del camino recurrido, en otros términos, que para el analista tal como lo vemos ahora emerger (surgir) al nivel de su acto, él ya tiene ahí conocimiento (savoir) del deser (désêtre) del sujeto supuesto saber en la medida en que es, de toda esta lógica, la posición necesaria de partida.

Es precisamente por eso, lo dijimos la última vez, que hay que preguntar en qué consiste (il est question de ce qu’il en est) para él ese acto que hemos definido hace un momento como siendo acto en voladizo (en porte-à-faux). ¿Cuál es, si ustedes quieren, la medida de la clarificación (l’éclairement) de su acto puesto que ese acto, en la medida en que ha recorrido el camino que permite ese acto, es desde un principio (d’ores et déjà) él mismo la verdad?

Es la cuestión que el último día planteé al decir que una verdad conquistada “pasando del saber” (pas sans le savoir: no sin el saber, no sin saberlo; · passant le s’avoir), es una verdad que califiqué de incurable, si puedo expresarme en estos términos (ainsi).

Pues si seguimos lo que resulta de ese giro (bascule) de toda la figura que es solamente aquella (celle seule) desde la que (où) pueda explicarse el pasaje de la conquista (le passage de la conquête), fruto de la tarea, en la posición de aquél que franquea (franchit: cruza, atraviesa) el acto desde el cual esa tarea puede repetirse, es aquí que viene la S que estaba ahí al principio en el o-o (ou-ou) del: “o yo no pienso” “o yo no soy”, y efectivamente, en la medida en que hay acto que me mezcla con la tarea, que la sostiene, aquello de que se trata es propiamente de una intervención significante.

Aquello en que el psicoanalista actúa (agit), por poco que sea, pero donde él actúa propiamente en el curso (cours:decurso) de su tarea, es en ser (d’être) capaz de esta immixión (immixtion) significante que, propiamente hablando, no es susceptible de ninguna generalización que pueda llamarse saber.

Lo que genera la interpretación analítica, es ese algo que, del universal, no puede ser evocado sino bajo su forma respecto de la cual les pido que se fijen (de remarquer) hasta qué punto (combien) es, en todo lo que se ha hasta ahora calficado como tal, hasta qué punto ella le es contraria: es si se puede decir esa especie de particular que se llama “clave universal”, la clave (clé: llave) que abre todas las cajas. ¿Cómo diablos concebirla?

¿Qué significa (qu’est-ce que c’est que de) ofrecerse como aquél que dispone de lo que desde el comienzo no puede definirse sino como algo particular?

Tal es la cuestión que dejo aquí solamente iniciada [respecto] de lo que tiene que ver con el estatuto de aquél que, en el punto de ese sujeto S, puede hacer que exista alguna cosa que responda a la tarea – y no en el acto fundador – que responda en la tarea al sujeto supuesto saber.

Ahí está en efecto precisamente lo que da inicio a (amorce) la cuestión: ¿qué hace falta que sea posible para que haya un analista?

Lo repito (Staferla (?): arriba a la izquierda del esquema), aquello de donde salimos, es que para que toda la esquematización sea posible, para que la lógica del psicoanálisis exista, hacía falta que haya psicoanalista (qu’il y ait là du psychanalyste).

Cuando él se pone – después de haber él mismo recurrido el camino psicoanalítico – él sabe ya dónde le conducirá entonces como analista el camino a recurrir : al deser del sujeto supuesto saber, a no ser sino el soporte de ese objeto que se llama el objeto(a).

¿Qué es lo que dibuja para nosotros (nous dessine) ese acto psicoanalítico del que hace falta recordar que una de las coordenadas es precisamente excluir de la experiencia psicoanalítica cualquier acto (tout acte), cualquier conminación (injonction) de acto?

Es recomendado que se llame al paciente (à ce qu’on appelle la patient) – el psicoanalizante para nombrarlo tanto cuanto posible – le es recomendado esperar antes de actuar (attendre pour agir), y si alguna cosa caracteriza a la posición del psicoanalista, es muy precisamente que él no actúa sino en el campo de intervención significante que he delimitado hace un momento.

¿Pero no hay ahí también ocasión para nosotros, ocasión de darnos cuenta de que sale de ahí totalmente renovado el estatuto de nuestro acto, pues el lugar del acto cualquiera que sea – y nos tocará a nosotros (ce sera à nous) [el] darnos cuenta en la huella de lo que queremos decir cuando hablamos del estatuto del acto sin siquiera poder permitirnos añadir ahí acto humano (d’y ajouter, de l’acte humain) – es que si hay algun lugar donde el psicoanalista a la vez no se conoce, que es también el punto en que él existe, es en cuanto sin duda alguna él es sujeto dividido, e incluso en su acto, y que el fin que se espera de él (la fin où il est attendu: el fin en el que es esperado), a saber ese objeto(a), en la medida en que es no el suyo sino el que, de él como otrA, requiere el psicoanalizante para que, con él, sea por él rechazado (pour qu’avec lui soit de lui rejeté)?

¿Acaso no hay ahí figura que nos abra (à nous ouvrir) lo que tiene que ver con el destino de todo acto, y esto bajo distintas (sous diverses) figuras?

Desde el héroe, en el que la Antiguidad, desde siempre, ha intentado colocar en toda su grandeza (ampleur), en toda su dramática, lo que sería el acto, no ciertamente que en esos tiempos (ce même temps) el saber no se haya orientado hacia otras huellas pues fueron también – y no es baladí (ce n’est pas négligeable de le rappeler) – los tiempos en que, en lo que al acto sabio se refiere, se ha buscado – y en verdad no hay ahí nada que desdeñar – la razón en un bien (Staferla: “Bien”): el fruto del acto, eso era (voilà) lo que parecía dar su medida primera (première mesure) a la Ética, la retomé en su momento (Staferla: 1959-60) al comentar la de Aristóteles.

La Ética a Nicómaco parte de que en principio hay el bien (ceci qu’il y a d’abord le Bien: que en el principio hay el Bien) al nivel del placer y que una justa carrera (filière) seguida en ese registro del placer nos llevará a la concepción del Soberano Bien. Está claro que había ahí, a su manera, una especie de acto, y que tiene su lugar en el avance (cheminement) de acto dicho filosófico. La manera como podemos hacer un juicio acerca de él (le juger) no tiene aquí (est ici sans) ninguna importancia. Son otros tiempos (c’est un temps: es un tiempo).

Sabemos que se emparejaba ahí un interrogante totalmente distinto, interrogante trágico acerca de qué era el acto pero que si éste se remetía a la oscuridad de lo divino (au divin obscur), si hay una dimensión, una fuerza que no fuera supuesta saber, esa sería la de la antigua ἀνανκη (ananké), en la medida en que era encarnada por esa especie de furiosos locos (fous furieux) que eran los dioses. ¡Midan [ustedes mismos] la distancia recurrida desde esta intención (visée) del acto hasta la de Kant!

Si hay algo que de alguna otra manera hace necesario nuestro enunciado del acto como un decir, es justamente la medida que da Kant de lo que debe ser regulado por una máxima que pueda tener alcance universal.

¿Acaso no hay ahí también – espero que algunos de ustedes lo recuerden – lo que se me dio bastante bien (ce que j’ai eu vraiment bon aise) caricaturizar, a conjoindre a esa norma (règle), tal como es enunciada en la fantasmagoría de Sade?

¿No será verdad por otro lado, que entre esos dos extremos – hablo de Aristóteles y de Kant – la referencia al otrA tomada como tal es aquella, muy bufona también, que ha sido dada por una forma como mínimo (au moins) clásica de la dirección espiritual (direction religieuse)? La medida del acto a los ohos de dios vendría dada por lo que se llama “la recta intención” (l’intention droite).

¿Es posible iniciar una vía de engaño (duperie) más instalada que la de someter (mettre) esa medida al principio del valor de acto? ¿Acaso de alguna manera “la recta intención”, en un acto, puede un solo instante plantear (lever) para nosotros la cuestión de lo que tiene que ver con su fruto?

Es cierto (sûr) que Freud no es el primero en permitirnos salir de estos anillos cerrados (fermés: apretados), que para poner en suspensión lo que tiene que ver con el valor de la buenas intención contamos una (en avons) crítica verdaderamente eficaz (tout à fait efficace), explícita y manejable en lo que Hegel articula (nous articule) [respecto] de la ley del corazón o del delirio de la presunción:

que no basta con levantarse contra el desorden del mundo para no, de esta misma protesta, volverse el más fiel apoyo (le plus permanent support). (Staferla: Hegel, op. cit. 302-312)

De esto, el pensamiento, justamente aquél que ha sucedido (succédé: venido después) al acto del cogito, nos ha dado muchos modelos.

Cuando el orden surgido de la “ley del corazón” es destruido por la crítica de La fenomenología del espíritu, ¿qué vemos sino el retorno que no puede hacer de otra manera que no sea calificando de ofensiva del ardid (ruse) de la razón? Ahí es donde hace falta darnos cuenta de que esta meditación ha desembocado muy especialmente en algo que se llama el acto político y que sin duda no es baladí (vain) que lo que se ha engendrado no solamente de meditación política sino de acto político en que no distingo en absoluto (nullement) la especulación de Marx de la forma cómo ella ha sido – en tal o cual (tel ou tel) desvío de la revolución – puesta en acto, ¿acaso no puede ser que pudiéramos situar toda una línea de reflexiones sobre el acto político en la medida en que sin duda eso son actos en el sentido en que estos actos eran un decir – y precisamente, un decir en nombre de Uncierto (Untel) – que han aportado ahí un cierto número de cambios decisivos?

¿Acaso no es posible reinterrogarlosen ese mismo registro que es aquél en el que desembocaría hoy lo que se dibuja del acto psicoanalítico ahí, donde a la vez, él es y no es, que puede expresarse así en virtud de la palabra de orden que da Freud al análisis del inconsciente?

Wo Es war – nos dice él – soll Ich werden.

Y yo les enseñé a releerlo el último día (fois): Wo S war, y ustedes [me] lo permitirán – ese S (ce S) – escribirlo con la letra aquí tachada (de la lettre ici barré · de la lettre X [ics] ci-barrée: con la letra-inconsciente aquí barrada), allá donde donde el significante actuaba (là où le significant agissait · …agit sait: allá donde el significante actuado sabe), en el doble sentido en que él justo acaba (il vient de cesser · il vient de ce S: él viene de ese S) e iba justo actuar (il allait juste agir), no “soll Ich werden” sino “muß Ich“, yo (moi) que actúo, yo que – como lo decía el otro día – lanzo al (dans le) mundo esta cosa a la que uno podrá dirigirse (s’adresser: referirse, no como referente de saber, sino de lugar) como [a] una razón (raison), “muss Ich (a)menudo”, “muss Ich (a) werden”, yo – desde aquello que yo introduzco como nuevo orden en el mundo – yo debo devenir el desecho (je dois devenir le déchet).

Tal es la nueva forma en la que les propongo plantear (poser) una nueva forma de interrogar lo que es (ce qu’il en est) en nuestra edad [del mundo], el estatuto del acto.

En la medida en que este acto – tan singularmente pariente (parent) de un cierto número de introducciones originales en el primer nivel (rang) de las cuales se halla el cogito cartesiano – …en la medida en que el acto psicoanalítico permite recolocar desde ahí la cuestión (d’en reposer la question: re-poser, reposer: re-plantear, reposar).

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