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No puedo decir que la afluencia de ustedes este año no me suponga un problema. ¿Qué quiere decir eso para un discurso que, si alguien tenía dudas (si l’on en doutait), lo repetí bastantes veces como para que la gente lo sepa, que esencialmente se dirige a los psicoanalistas. Es verdad que mi lugar aquí, aquél desde el que les hablo, da ya testimonio suficiente de algo sucedido (quelque chose d’advenu) que me coloca en presencia de ellos (me pose vis-à-vis d’eux) en posición excéntrica: aquella misma donde, desde hace años, en resumidas cuentas (en somme), no hago sino interrogar lo que escogí este año como asunto (pris… pour sujet): el acto psicoanalítico.

Es evidente que lo que dije el último día no podía dar en más que (rencontrer que) ese rumor de satisfacción que me llegó respecto de la opinión general del público (assistance), si puedo expresarme así, que, en verdad, por un lado, aquellos – tiene que haberlos, dado el número (il faut bien qu’il y en ait, vu ce nombre) – que vienen aquí por la primera vez – venían a pesar, incluso porque se les había dicho que no iban a comprender nada. Pues bien, ¡se han llevado (ont eu) una buena sorpresa!

En verdad, tal como indiqué de paso, hablar de Pavlov en ese momento, como yo lo hacía, era precisamente echarle un cable (tendre la perche) al sentimiento de comprensión. Como dije, nada es más querido (estimé: valorado) que la empresa pavloviana, muy especialmente en la Facultad de Letras, y es de hecho de esas bandas que ustedes en su mayoría llegan hasta mí (c’est tout de même de ce côté là que dans l’ensemble vous me venez). ¿Es decir que es esa especie de satisfecit que de ninguna manera me llena? (Ets-ce à dire que ce soit cette sorte de satisfecit qui d’aucune façon me comble?)

Ustedes vacilan (vous vous doutez): ¡ciertamente no! Puesto que después de todo, igualmente, no es tampoco lo que ustedes vienen a buscar. Para ir al meollo (au vif), me parece que si algo puede explicar decentemente esta afluencia, es algo que de todos modos no reposaría sobre este malentendido al que no me presto a menudo (je ne prête pas souvent), de ahí la forma (façon) de espera a la que yo aludía hace un momento.

Es de todos modos algo que, en sí (lui), no es malentendido, y que me incita a hacer lo mejor que puedo para afrontar (faire de mon mieux pour faire face à) lo que he llamado esta afluencia. Es que en mayor o menor grado, quienes vienen, en su mayoría (dans l’ensemble), es porque tienen la sensación (sentimiento) de que aquí se enuncia algo que podría perfectamente (bien) – ¿quién sabe? – tener consecuencias (tirer à conséquence).

Es harto evidente que si es así, esta afluencia es justificada, pues el principio de la enseñanza que calificaremos – cuestión (histoire) de situar groseramente las cosas… “la enseñanza de la Facultad”, – es precisamente que, sea lo que sea de todo lo que toca los asuntos más candentes (touche aux sujets les plus brûlants), digamos de actualidad, política por ejemplo, todo eso sea presentado, puesto en circulación precisamente de tal forma que no tiene consecuencias (ne tire pas à conséquence). Al menos es [esa] la función que desde hace un tiempo (quelques temps) satisface, en los países desarrollados, la enseñanza unversitaria. Es justamente por eso, desde luego, que la universidad es lo que es donde lo es (y est ce qu’elle est), pues donde ella no [lo] satisface, en los países subdesarrollados, hay tensión.

Eso es que, entonces, ella cumple bien su función en los países desarrollados, es que ella tiene esto de tolerable: que lo que sea que se profiera (profère · professe, préfère: enseñe, prefiere) [en ese caso] no supondría desorden (n’entraînera pas de désordre). Ciertamente, no es en el plano del desorden que vamos a considerar las consecuencias de lo que estoy aquí diciendo (dis ici), pero el público sospecha que a un cierto nivel – que es precisamente el que aquellos a quienes me dirijo, a saber, los psicoanalistas – hay algo de tensión (de tendu). Pues efectivamente aquello de que se trata en cuanto al acto psicoanalítico, pues hoy nos vamos a adelantar un poco más (nous avancer un peu plus loin), vamos a ver qué pasa con aquellos que – este acto – lo practican, es decir, que – es esto lo que los define – de un acto tal (d’un tel acte) son capaces, y capaces de tal manera (façon telle) que puedan clasificarse – como se dice de (entre les) otros actos, deportes o técnicas – como profesionales.

Sin duda (assurément), de este acto en la medida en que uno hace profesión de él, resulta una posición de la que es natural que uno se sienta garantizado (assuré) por lo que sabe, lo que saca de (tient de: basa en) su experiencia. Sin embargo, ahí tenemos una de las caras, uno de los intereses de lo que adelanto este año, resulta de la naturaleza propia de este acto – campo del que, inútil decirlo, no llegué siquiera el último día a aflorar los bordes (effleuré les bords) – serias consecuencias en cuanto a la posición que hay que sostener (qui est à tenir): [la] de ser hábil en ejercerla.

Es ahí que tiene lugar (prend place: toma lugar, asiento) – singularmente, lo van a ver – que yo pueda a otros que [no] analistas (d’autres qu’à des analistes), a no-analistas (non-analystes · no na na), dar a concebir lo que pasa con este acto que de todos modos les observa (ce qu’il en est de cet acte qui tout de même les regarde). El acto psicoanalítico observa, y muy directamente, y en primer lugar, diría yo, [a] quienes no hacen de ello profesión (ceux qui n’en font pas profession).

¿Bastará aquí con indicar que si es verdad (vrai) – tal como enseño (comme je l’enseigne: como lo muestro) – que se trata en ese caso de algo [así] como una conversión en la posición resultante del sujeto en cuanto a lo que es (ce qu’il en est) su relación con el saber? ¿Cómo no admitir enseguida que no podría sino (ne saurait que: sería inevitable) establecerse una hiancia verdaderamente peligrosa considerando que (à ce que) solo algunos asumen una perspectiva (prennent une vue) suficiente de esta subversión – puesto que le llamé así – del sujeto?

¿Es siquiera concebible que lo que es subversión del sujeto – y no de un u otro momento elegido de una vida particular – sea algo hasta imaginable (quelque chose de même imaginable) como no produciéndose sino aquí o ahí, incluso en determinado (tel) punto de reunión (rassemblement) donde todos quienes hubiesen experimentado ese momento crucial (subi ce tournant), uno en el otro (l’un de l’autre), se reconfortan? Que el sujeto sea realizable en cada uno (de chez chacun), por supuesto, no deja menos intacto su estatuto en la estructura, precisamente.

Desde ese momento, ya se ve (il apparaît déjà) que hacer entender – no fuera, sino en una cierta relación (rapport) con la comunidad analítica – lo que tiene que ver con ese acto que interesa a todo el mundo, no puede sino, en el interior de esta comunidad, permitir ver más claramente lo que es deseado en cuanto al estatuto que pueden atribuirse (se donner) quienes, de ese acto, hacen profesión actuante (agissante).

Es así el acceso que este año nos encontramos tomando por su borde (C’est ainsi qu’est l’abord que nous nous trouvons cette année avoir pris de son bord; prendre le bord: largarse), como vimos el último día avanzando en primer lugar lo que se impone, [y que es] precisamente distinguir el acto – tal como se le puede ver, hojeando las páginas, a veces presentado (le voir présenter) – de la motricidad. E intentando a la vez (aussitôt) franquear ciertos límites (échelons) que no se presentan en ningún caso según un procedimiento (démarche) apodíctico – que no puede, no quiere sobre todo pretender proceder por una suerte de introducción que sería la escala (échelle) psicológica de más o menos gran profundidad – vamos a la inversa (au contraire) buscar en la presentación de los accidentes concerniendo lo que se enuncia [a partir] de ese acto, puntos luminosos distintamente ubicados (éclairs de lumière diversement situés) que nos permiten apercibir dónde se encuentra verdaderamente el problema.

Es así que, al (pour) haber hablado de Pavlov, yo no buscaba ninguna referencia clásica a propósito de esto (à ce propos: con este propósito), sino [que buscaba] hacer notar lo que se halla efectivamente arrinconado en unas cuantas memorias, a saber la convergencia señalada en una obra clásica, la de Dalbiez*, entre la experimentación pavloviana y los mecanismos de Freud.

[*Roland Dalbiez : La Méthode psychanalytique et la Doctrine freudienne. “Pavlov et Freud”, Paris, Desclée de Brouwer, 1949.]

Por supuesto, eso causa siempre sus pequeños efectos especiales (son petit effet), sobre todo considerando la época. No [se] imaginan ustedes, considerando las entrañas (l’arrière-fond: lo más íntimo) de la posición psicoanalítica: cuán precaria se percibe (combien elle est sentie précaire) – qué alegría sientieron algunos “en la época”, como dice la gente – es decir hacia 1928 o 30 – que se hablara del psicoanálisis en [la] Sorbona. Cualquiera que sea el interés de esta obra – hecha, debo decir, con un gran cuidado (soin) y llena de observaciones (remarques) pertinentes – la especie de confort que se puede sacar del hecho de que el señor Dalbiez articula – con qué pertinencia, por dios (mon Dieu pertinemment) – que hay algo que no falta (déroge) respecto de la psicología, de la psicología pavloviana y de los mecanismos del inconsciente, es extremadamente débil.

¿Por qué? Simplemente por (pour) lo que yo les señalé el último día, concretamente (à savoir) que la trabazón (liaison) de significante a significante – en la medida en que la sabemos subjetivante por (de) naturaleza – es introducida por Pavlov en la institución misma de la experiencia y que desde entonces no hay en eso nada de sorprendente en que lo que se construye (édifie) a partir de ahí va al encuentro (rejoigne) de las estructuras análogas a lo que nosotros encontramos en la experiencia analítica en la medida en que ustedes han visto que yo podía formular en ese contexto (y) la determinación del sujeto como [estando] fundada sobre esa trabazón: de significante a significante.

Por la misma regla de tres no cabe duda (il n’en reste pas moins qu’à ceci près assurément) ellas se hallarán más cercanas una a la otro que – cada una [de ellas, por separado] – de la concepción de Pierre Janet, es en eso precisamente que Dalbiez insiste (met l’accent). No habremos con ese acercamiento – fundado sobre el desconocimiento justamente de aquello que lo funda – ganado gran cosa. Pero lo que nos interesa mucho más aún es el desconocimiento por Pavlov de la implicación que he llamado más o menos humorísticamente estructuralista – en absoluto estructuralista respecto a que sea estructuralista, humorística en la medida en que le llamé estructuralista lacaniana – de la aventura.

Fue ahí donde me detuve, dejándolo en suspensión (suspendant: suspendiendo) en torno a la cuestión: ¿qué sucede con lo que uno puede llamar aquí, desde cierta perspectiva – ¿qué? – una forma de ignorancia? ¿Basta eso? (Est-ce suffisant?) ¡No!

No vamos de todos modos, por el hecho que un experimentador no se cuestione sobre la naturaleza de lo que está introducieno (introduit) en el campo de la experimentación – es legítimo que lo haga, pero que no vaya más lejos en esa cuestión de algún modo previa – no vamos de todos modos a introducir aquó esas funciones del inconsciente: es necesaria una otra cosa (quelque chose d’autre est nécessaire) que, en verdad, nos falta. Quizás esa otra cosa se nos dará a conocer (livrée: entregada) de manera más sugerente (maniable à voir: manejable a ver, a la vista), algo totalmente distinto, a saber – vayamos ya al grano (allons tout de suite gros) – un psicoanalista que, ante un público – hace falta siempre estar al tanto de a qué oído se dirige una fórmula cualquiera – un psicoanalista que adelanta avanza esta declaración (propos) que me fue recientemente comentada (rapporté): “¡No admito ningún concepto psicoanalítico que yo no haya verificado en un ratón!” (sur le rat: en el laboratorio)

Incluso para un oído prevenido – y era el caso en el momento de este enunciado, era un oído si uno puede decirlo, y en la época (et à l’époque), pues esa declaración fue realizada (s’est tenu) en una época ya lejanam de hace unos quince años, era un amigo comunista – el que quince años después me lo explicaba (rapportait) – era a él a quien se dirigía el psicoanalista en cuestión (en cause) – incluso para un oído que habría podido ver ahí no sé qué, como un remordimiento (résipiscence; Staferla: repentir), la declaración resultaba (paraissait) un poco excesiva (gros).

El caso (chose) pues, me fue comentado recientemente y lejos de emitir una duda, me puse a soñar en voz alta y dirigiéndome a alguien que se encontraba a mi derecha en esa reunión, dije (dis) “¡Pero alguien es capaz de decir semejante cosa!” (“Mais un tel est tout à fait capable d’avoir tenu ce propos!” Lo nombro – no lo nombraré aquí – es aquél que en mis Escritos llamo el “[bien]dichoso” (“benêt”).

“[Bien]dichoso” – dice el diccionario excelente del que les hablo a menudo, el de Bloch y Von Wartburg – es una forma tardía de “benedicto” (“benoît”), que viene de “benedictus”, y su acepción moderna es una alusión fina que resulta de esta declaración (propos) inscrita en el capítulo V párrafo (paragraphe) 3 de Mateo: “Bienaventurados (heureux: felices), benditos (bénis: bien dichos) sean los pobres de espírito”.

[*En la Vulgata: Beati pauperes spiritu quoniam eorum est regnum cœlorum.]

Estoy casi seguro que tomar dicha (telle) posición no es [cosa] de una dicha (heur · heure: hora) cualquiera, buena ni mala, que se trata, ni subjetiva ni objetiva, es que en verdad es más bien fuera de toda dicha (heur) que debe sentirse para llegar a dichos extremos (pour en venir à de telles extrémités).

E igualmente además podemos (peut-on) ver que su caso está lejos de ser [el] único, si ustedes consultan (vous reportez) a cierta (telle) página de mis Escritos [Staferla: Écrits, Paris, Seuil, 1966, p.272], la del “Discurso de Roma” donde hago constar (je fais état) lo que avanza un cierto Massermann que en los Estados Unidos tiene la posición de lo que en Alain se llama “un Importante”.

[Staferla: Alain : Le citoyen contre les pouvoirs p.85, « Négligents et Importants », Slatkine reprints Genève 1979, réimpr. de l’édition de 1926.]

Este “Importante”, sin duda en la misma búsqueda de confort, alardea (fait état avec gloire) las investigaciones de un [tal] señor Hudgins – a propósito de las cuales me detuve en esa época, ya fue hace mucho (c’est déjà bien loin), es la época misma de la declaración que les he referido hace un momento – …alardea de loque pudo ser obtenido a partir de un reflejo, también él condicional (conditionnel), construido en un sujeto, humano éste (lui humain), de tal forma que una contracción pupilar llegaba (venait) a producirse regularmente al enunciarse (à l’énoncé du) la palabra “contrato” (contract).

Las dos páginas de ironía sobre las que me estoy extendiendo porque había que hacerlo en la época solo para que le entendieran a uno (pour être même entendu) – a saber, si la ligazón pretendidamente determinada así entre el soma y lo que él cree ser el lenguaje, le parecía igualmente firme (aussi bien soutenu) si la substituía por contrato (si l’on substituait au contrat), matrimonio-contrato, o bridge-contract, o breach of contract o incluso si se concentrara la palabra hasta que se reduzca a su primera sílaba – es evidentemente una señal (signe) de que ahí hay cosa (il y a là quelque chose) sobre cuya brecha (brèche) no es vano sujetarse (de se tenir), puesto que otros la eligen como un punto clave de la comprensión de aquello de qué se trata.

Quizás después de todo el personaje me diría que no puedo dejar de ver ahí un apoyo (appoint) para esa dominancia que atribuyo al lenguaje en el determinismo analítico, pues tal es [la situación] efectivamente, tal es el grado de confusión al que se puede llegar desde (dans: en) ciertas perspectivas.

El acto psicoanalítico, ustedes lo ven, puede consistir en interrogar… en primer lugar y a partir – evidentemente, hace falta [que así sea] (il le faut bien) – de lo que se considera como debiendo ser separado (comme à écarter)… el acto tal como él es efectivamente pensado (conçu) en el círculo psicoanalítico, con la crítica de lo que eso puede conllevar (comporter).

Pero eso puede de todos modos también, esa conjunción de dos palabras – el acto psicoanalítico – evocar para nosotros algo muy distinto, a saber: el acto en la medida en que (tel qu’il) opera psicoanaliticamente, lo que el psicoanálisis dirige con (de) su acción hacia (dans) la operancia psicoanalítica.

Entonces ahí claramente estamos en un nivel totalmente distinto. ¿Es la interpretación? ¿Es la transferencia a la que somos así llevados? ¿Cuál es la esencia de aquello que, del psicoanalista en cuanto operante, es acto? ¿A qué juega él? (Quelle est sa part dans le jeu? : Qué parte tiene en el juego?)

Ahí está aquello sobre qué los psicoanalistas no dejan, en efecto, entre ellos, de interrogarse- A propósito de qué, gracias a dios, ellos arriesgan (avancent: adelantan) proposiciones más pertinentes, aunque lejos de ser unívocas o siquiera progresivas a lo largo de los años.

Hay otra cosa, a saber: el acto, diría yo, tal y como se lee en el psicoanálisis. ¿Qué es (qu’est-ce · caisse: caja) para un psicoanalista un acto (qu’un acte: [solo] un acto)? Bastará, pienso, para hacerme entender a este nivel, que articule, que recuerde, lo que todos y cada uno de ustedes saben, lo que ninguno ignora a día de hoy (en notre temps), a saber: lo que se llama el acto sintomático, caracterizado de forma tan particular por el lapsus de palabra o igualmente de ese nivel que grosso modo (en gros) puede ser clasificado [como siendo] del registro, como se dice, de la acción cotidiana, para lo que obtiene (a.) propiamente hablando su centro de[l hecho de] que se trate siempre – e incluso cuando se trata del lapsus de la palabra – de su rostro de acto.

Es justamente aquí que toma su valor (prend son prix) la remisión (rappel) que hice a la ambigüedad, olvidada en (laissée à) la base conceptual del psicoanálisis, entre motricidad y acto y es seguramente a razón (en razón: por motivo, a causa) de esos puntos de partida teóricos que Freud favorece ese desplazamiento justo en el momento en que, en el capítulo al que tendré quizás tiempo de irme (de venir) enseguida, concerniendo a lo que tiene que ver con el desprecio, Versehen como él la designa, él recuerda que es muy (bien) natural que se llegue ahí pasados siete u ocho capítulos, concretamente al campo del acto, puesto que – como lo dice el lenguaje – nosotros permanecemos ahí en el plano de lo motriz (plan du moteur).

En contrapartida, es muy evidente que para todo lo que va a estar en ese capítulo y en el que le sigue, el de las acciones accidentales o aún sintomáticas, no se tratará nunca sino de esa dimensión que hemos planteado (posée) como constitutiva de cualquier (tout) acto, a saber: su dimensión significante. Nada [de nuevo] es introducido en esos capítulos respecto del acto, excepto que él es planteado ahí como significante.

Sin embargo, no es tan sencillo porque él toma su valor (prix), su articulación de acto significativo respecto de lo que Freud introduce entonces como insconsciente, no es ciertamente que él se anuncie, que se posicione (pose) como acto, es todo lo contrario.

Él está ahí como actividad más que apagada (effacée) y, como lo dice el interesado, la actividad puede cerrar un agujero (boucher un trou) que no está ahí sino cuando no se piensa en él, en la medida en que a uno eso no lo trae encuidado (l’on ne s’en soucie pas), que está ahí donde él se expresa para toda una parte de sus actividades, para de algún modo ocupar las manos supuestamente (supposées) distraídas de toda relación mental.

O entonces este acto aún (ou bien encore cet acte) va a emitir su sentido… precisamente sobre aquello de qué se trata, lo que se trata de atacar, de hacer zozobrar (d’ébranler)… su sentido al abrigo de la torpeza (maladresse), del fracaso (ratage). Ahí tienen lo que es la intervención analítica: el acto, pues.

Puesta al revés (renversement: inversión) semejante a la que hicimos el último día con la de la cara motriz misma del reflejo que Pavlov llama absoluto, esa cara motriz no está en el hecho de que la pierna se estire (étende) porque ustedes golpean un tendón, esa cara motriz está ahí donde uno tiene el martillo para inducirla (provoquer). Igualmente si es en la lectura del acto que el acto es (si l’acte est dans la lecture de l’acte: si el acto es, está en la lectura del acto), ¿quiere esto es decir que esta lectura sea simplemente añadida (surajoutée) y que sea [a partir] de [un] acto reducido a posteriori (nachträglich; Staferla: après coup) que él toma su valor?

Ustedes saben el énfasis que puse desde hace mucho en este término que no figuraría (figurerait: constaría) en el vocabulario freudiano si yo no lo hubiese extraído del texto de Freud, yo el primero y además, la verdad, durante una buena temporada (un bon bout de temps), el único. El término tiene su valor (prix). Él no es solamente freudiano: Heidegger lo utiliza, en una perspectiva (visée) distinta, es cierto, cuando se trata para él de interrogar los nexos (rapports) del ser a la Rede* (Staferla: parole, langage, discours).

[*En alemán, Heidegger habla de Gerede como charla fútil, verborrea, cuyo objeto sería la novedad entendida de una forma bastante pobre y ansiosa; Heidegger habla de Neugier, el ansia de lo nuevo.]

El acto sintomático debe (il faut bien) contener ya en sí algo que lo prepara al menos para ese acceso, a lo que para nosotros, en nuestra perspectiva, realizará su plenitud de acto, pero a posteriori (après coup). Insisto en esto, y es importante a partir de ahora marcarlo, ¿cuál es ese estatuto del acto?

Hay que llamarle nuevo, e incluso inaudito (inouï · in-oui) si uno da su sentido pleno, aquél del que partimos, el que vale desde siempre relativamente al estatuto del acto.

¿Y qué más? (et puis quoi? : ¿y entonces qué?)

Tras esas tres acepciones el psicoanalista, en sus actos de afirmación, concretamente lo que él profesa cuando debe rendir cuentas (rendre compte: dar cuenta) muy especialmente de qué es para él ese estatuto del acto.

Y en ese aspecto (là), el favor de las cosas hace que muy recientemente tuvimos justamente, (récemment justement on a eu) en cierto contexto (cadre), que es el (s’appelle celui) de los Psicoanalistas de Lengua Románica (romane · Raum [alemán] âne: espacio asno), que establecer un nexo (à faire rapport), informe (compte rendu) de lo que se visa desde el punto de vista del psicoanalista autorizado, concerniendo al pasaje al acto y aún al acting out.

Ahí tienen – ¿por qué no, al fin y al cabo? – un muy buen ejemplo a tomar puesto que está a nuestro alcance, cosa que además yo hice. Abrí el informe (rapport) de uno de ellos que e llama Olivier Flournoy*, apellido (nom) célebre, tercera generación de grandes psiquiatras, siendo el primero Théodore, el segundo Henri… y ustedes saben el caso célebre por el que Théodore** permanece inmortal en la tradición analítica, esa vidente (clairvoyante) delirante con un nombre maravilloso sobre la que él hizo toda una obra de la que ustedes no pararían de sacar provecho si cayera en sus manos (et dont vous ne sauriez trop profiter si l’ouvrage vous tombe dans la main), creo que no es conocido de momento (courant pour l’instant)… de la tercera generación pues, ese muchacho nos adelanta algo que consiste en tomar al menos una parte del campo, la que no tomó el otro informante (rapporteur), el otro informante hablaba del acting out,*** él se dedicará al actuar (il va se porter sur l’agir), y como actuar él tiene, se piensa, no sin fundamento relativamente a la transferencia, él adelanta sobre esa transferencia algunas cuestiones que, del mismo modo, valen proposiciones.

* (Staferla) Olivier Flournoy : « Du symptôme au discours », Revue française de psychanalyse, t.32, n°5-6, Paris, PUF, 1968. 28ème Congrès des Psychanalystes de Langues Romanes, du 29 oct. au 1er Nov. 1967.
** (Staferla) Théodore Flournoy : Des indes à la planète mars. étude sur un cas de somnambulisme avec glossolalie. Paris, Alcan , 1900.
*** (Staferla) Julien Rouart et son rapport : « Agir et processus psychanalytique ».

Yo no les haré evidentemente un lectura de esto (je ne vous en donnerai pas… lecture) pues nada es más difícil de mantener (à tenir) una lectura ante un público tan amplio, sin embargo para dar el tono de esto, yo les pondré (prendrai: tomaré) el primer párrafo que se enuncia más o menos así:

“De esta revista / … / de la evolución reciente de las ideas / … / uno recoge siempre la impresión de algo obscuro e insatisfactorio – salto algunas líneas. / … / Pero ¿por qué una regresión implica la transferencia, es decir la ausencia de rememoración y el actuar, bajo forma de transformación del analista por proyección e introyección, y por qué no implica solamente un comportamiento (conduite) regresivo?”

…es decir, su propia estructura, ¿no es así? En otros términos, ¿por qué evoca la tranferencia?

“Por qué una situación infantilizante implica la transferencia y no un comportamiento infantil basado en el modelo de un comportamiento progenitor-niño (parent-enfant)…”

…él hace alusión a otro registro que pone énfasis en el desarrollo y en los antecedentes del desarrollo, ya no en la categoría propia de la regresión que hace alusión a las fases retomadas (repérées: situadas) en el análisis…

“…por ejemplo repitiendo una situación confilctiva e incluso haciéndolo con todas (y puisant) sus fuerzas? ¿Basta eso para conferir a ese comportamiento el epíteto de transferencia?”

¿Qué quiero decir al anunciarles cuestiones introducidas en este tono? Que hay sin duda, y todo a continuación (toute la suite) lo demuestra, un cierto tono, un cierto modo de interrogar la transferencia, quiero decir: a tomar las cosas con bastante vigor (assez vivement) y poniendo su concepto mismo – tan radicalmente cuanto [sea] posible – en cuestión. Eso es una cosa que yo mismo hice hace muy precisamente nueve años o más precisamente nueve años y casi medio en lo que intitulé: Dirección de la cura y principios de su poder.

Efectivamente ustedes podrán encontrar ahí – en el capítulo III página 602 (Staferla: Écrits): ¿dónde hemos llegado con la tranferencia? (où en est-on avec le transfert?) – las cuestiones que fueron colocadas entonces. Colocadas y desarrolladas con infinitamente mayor amplitud y de una manera que en la época (à l’époque) era absolutamente sin equivalente (sans équivalent: ímpar).

Quiero decir que lo que desde entonces hizo su camino – no digo evidentemente gracias a mi superación (frayage: adelanto, paso de frontera) sino por una especie de convergencia de tiempos – lo que hizo por ejemplo que un tal (nommé) Szasz planteó las cuestiones más radicales respecto del estatuto de la transferencia, e incluso yo diría tan radicales que en verdad la transferencia se considera (est considérée) tan a la merced, si lo puedo decir, del estatuto mismo de la situación analítica que ella es planteada propiamente (proprement posé) como el concepto mismo que haría el psicoanálisis digno de objeción.

Porque las cosas son de tal manera (les choses en sont) hasta el punto de que un psicoanalista de la más estricta observancia y bastante bien situado en la jerarquía americana no encuentra nada mejor qué hacer, para definir la transferencia: que [decir que] es un modo de defensa del analista; que es para mantener (tenir) a distancia las reacciones, sean cuales sean, que tienen lugar (s’obtiennent) en la situación… y que podrían parecer interesarle demasiado directamente, concernirlo, tener que ver con (relever de) su responsabilidad propiamente hablando… que el análisis forja, inventa este concepto de transferencia, gracias al cual zanja (tranche), juzga de tal manera que dice, en resumen, esencialmente en el fundamento radical de ese concepto, no tener el mismo nada qué ver con (aucune part dans) las llamadas reacciones, y señaladamente estando ahí como analista, sino sencillamente ser capaz de señalar lo que ellas tienen en ellas [mismas] de retoma (reprise), de reproducción de comportamiento (comportement) anterior, de etapas vivientes del sujeto que dar por él reproduciéndolas (se trouve les reproduire), actuándolas en vez (au lieu: en lugar) de recordarlas.

Es de eso que se trata y es a eso que Flournoy se enfrenta, sin duda [con un carácter] un poco temperamental pero dándole enteramente su lugar a la concepción, o al extremo de la posición a la que parecen reducidos – en el interior mismo del psicoanálisis – aquellos que se creen en posición (place) de teorizarlo. Si esa posición – extrema – que desde que es introducida va hasta (à) sus [últimas] consecuencias, quiero decir que para Szasz* todo reposará pues, en último análisis, en la capacidad de objetividad estricta del analista, y como esto no puede en ningún caso más que un postulado, todo análisis por estas bandas (analyse de ce côté) está votado a una interrogación radical, a un profundo cuestionamiento de todo aquello (tout point) donde ella interviene.

[* (Staferla) Thomas Szasz : The concept of transference, in International Journal of Psychoanalysis, vol. 44 part 4, 1963, pp 432-443.]

Dios sabe que nunca he ido tan lejos, y con razón (et pour cause), en el cuestionamiento del análisis y que es efectivamente notable, a la vez que raro, que en uno de sus círculos donde uno se empeña lo más posible (s’attache le plus) a mantener socialmente su estatus (statut), las cuestiones puedan – en resumen, en el interior del llamado círculo – ser llevadas tan lejos que no se trate de nada menos que de saber si el análisis en él mismo es fundamentado o ilusorio.

Se daría ahí un fenómeno muy perturbador si no encontráramos, en el mismo contexto si se puede decir, el fundamento de lo que se llama la información, que se instituye (est institué [le principe]) en la base de la total libertad.

Tan solo, no lo olvidemos, nos encontramos en el contexto americabo, y cualquiera sabe que sea cuál sea la amplitud de una libertad de pensar, una libertad de sentido común (jugeote), y de todas las formas en las que ella se expresa, sabemos muy bien qué pasa con esto (ce qu’il en est), es decir, que en resumen se puede decir no importa el qué, que lo que cuenta es lo que ya está bien intalado.

En consecuencia a partir del momento en que las sociedades psicoanalíticas se encuentran firmemente asentadas (assises) en su base, uno puede también decir que el concepto de transferencia es una bagatela (foutaise: chorrada). Eso no afecta a nada. Es de eso que se trata, muy precisamente.

Es también ahí que, para seguir en otro tono, nuestro conferencista se precipita y que, desde entonces, vamos a ver el concepto de transferencia remitido a la discreción de una referencia a lo uno bien puede llamar de todos modos una historieta, aquella de dónde sin duda salió él, a saber: la historia de Breuer, de Freud, de Anna O., que – entre nosotros – muestra cosas mucho más interesantes que las que se hace con ellas actualmente (à cette occasion).

Y lo que se hace con ellas actualmente va bastante lejos (fort loin· Flournoy). Me refiero (je veux dire) a que nos llamarán la atención (on nous mettra en valeur) la relación tercera (tierce), por supuesto el hecho de que Freud pudo en un primero momento protegerse, defenderse él mismo como se dice, y bajo el modo de la transferencia, poniéndose a cobijo (se mettant à l’abri) del hecho de que, como él le dice a su novia – puesto que ella viene también, la novia, naturalmente en la explicación de aquello de qué se trata, pues se tratará de nada menos de lo que yo llamaba el otro día el acto de nacimiento del psicoanálisis – él le dirá a su novia que hay cosas por supuesto que no le pueden pasar sino a un tío (type) como Breuer.

Un cierto estilo de pertenencia, incluso de audacia asequible (à bon marché), es el que llega a hacernos aparecer la transferencia como ligado enteramente a estas conjunciones accidentales, incluso que – como lo anuncia uno de ellos, un especialista de la hipnosis – cuando más tarde el incidente se reproduzca con el mismo Freud…. “en ese momento entró la criada (la bonne)”. Quién sabe, si la criada no hubiese entrado, lo qué habría pasado entonces? También en ese caso Freud pudo reestabecer la situación tercera (tierce): el superyó buenazo (le surmoi “bonnique”) tuvo su rol y le permitió reestablecer lo que hay desde entonces, [y] es que la defensa natural, se nos dice – pues está escrito en este informe – cuando una mujer al salir de la hipnosis se echa en sus brazos (vous saute au cou), hay que decirse (c’est de se dire): “pero yo la acojo como una hija”.

Esa especie de Muße, de bagatelas (bagatelles), es evidentemente lo que hace cada vez más la ley de lo que he llamado hace un momento el acto de afirmación del analista: cuanto más uno se afirma por bagatelas, tanto más uno le gana (engendre) respeto. Es singular, de todos modos… – sin duda esto es visible en muchos signos, y es en este sentido que les pido ahora (en l’occasion) que tomen consciencia de ello, eso hará aumentar las ventas (l’achat: la compra) de la próximo [número de la] Revue française de psychanalyse, órgano de la Société Psychanalytique de Paris – …ver si no hay alguna relación entre esta meditación temeraria (hardie) y lo que yo enunciaba desde hacía nueve años (neuf ans auparavant).

En verdad, la cuestión permanecerá eternamente sin encetar (intranchée) porque el autor en estas líneas no da ningún testimonio de ello, pero algunas páginas más adelante, algo le sucede, concretamente que en el momento en que él habla de lo que está en cuestión – pues es un avance (avancée) personal – el tono que él viene a dar a las cosas consiste en poner de relieve lo que él llama noblemente la relación intersubjetiva.

Cualquiera (chacun) sabe que, si uno lee apresuradamente El discurso de Roma, uno puede creer que es de eso que hablo.

Pero finalmente uno puede descubrir la dimensión de la relación intersubjetiva a través de otros intérpretes que [no] el yo (que moi) puesto que ese error, ese contrasentido, que consiste en creer que es lo que yo reintroduje en un psicoanálisis que lo ignoraba en demasía, fue hecho por muchas personas que yo tenía entonces a mi alrededor y que, si está (d’être) formado por trucos (Staferla: icelles; ficelles?) uno puede efectivamente avanzar [en] la experiencia intersubjetiva como referencia a recordar en este contexto.

“Es este contexto intersubjetivo – se escribe – que me parece original en el análisis. Él rompe con (fait éclater) las camisas de fuerzas de los diagnósticos dichos “de afección mental”. No que la psicopatología sea una palabra vana. /…/ ella seguramente es indispensable para el intercambio entre individuos fuera de la experiencia pero su sentido se desvanece durante la cura.”

Ven ustedes el tono más o menos (à peu près) que entre “no que la psicopatología sea una palabra vana” y “ella seguramente es indispensable…”, sobresale (éclate) un paréntesis por el que les pregunto qué justificación tiene (une parenthèse éclate dont je vous demande de qui la justifie là).

“A propósito de esto, releyendo un Escrito de Lacan, me sorprendió ver que él hablaba del enfermo, él que se orienta hacia el lenguaje ante todo…”

Está en mi prefacio (propos), lo verán.

Debo decir que no sé en cuál de mis Escritos hablo del enfermo, efectivamente no es en efecto mi manera (ce n’est en effet pas tout à fait ma façon). Yo no vería en ninguno de los casos objeción (je n’y verrais pas en tous les cas d’objection), pero desde luego (assurément) la idea de rehojear las 950 páginas de mis Escritos para saber dónde hablo del enfermo no me vino.

En la página 70*, en contrapartida, puedo leer: “El deseo, deseo de lo que uno no es (de ce qu’on n’est pas · désir de ce qu’on n’ait pas: deseo de que no se tenga, deseo de no tener), deseo que no puede ser satisfecho, o incluso deseo de insatisfacción tal como Lacan, Lacan en el mismo escrito citado…”

[*(Staferla:) De hecho, página 886 del número de la RFP.]

alivio, ¡vamos a poder verlo!

“…lo presenta livianamente (lestement) a propósito de la carnicera…”

Y hay una notita…

Lo que digo de la carnicera, que es bastante conocido, pues es un trozo más bien brillante, uno se podría esperar que sea a eso que se remite. Para nada (pas du tout): ¡se remite a la carnicera de Freud!

Bueno, pero eso a mí me sirve porque yo puedo ir a buscar… no el pasaje de la carnicera que encontrarán ustedes en la página 620* sino aquello de qué se trata:

[(Staferla:) Écrits, op. cit., p.620 : La direction de la cure , V : Il faut prendre le désir à la lettre ; ou Points Seuil, t.2 p.97.]

[n.t.: en el párrafo siguiente, entre paréntesis doble los comentarios que va haciendo Lacan]

“Esa teoría ((tomo la segunda teoría de la transferencia)), [no importa] a qué punto (à quelque point) de revoque (ravalement) haya llegado en los últimos años en Francia ((se trata de la relación de objeto y, como me explico, se trata de Maurice Bouvet)) tiene, como genetismo, su origen noble. Es Abraham quién abrió su registro, la noción de objeto parcial es su contributo original. No es este el momento (le lieu) de demostrar su valor. Nos interesa más indicar la ligazón (liaison) con la parcialidad del aspecto que Abraham separa (détache) de la transferencia para promoverla en su opacidad como la capacidad de amar, como si fuera (si c’était là) – esa capacidad de amar – un dato constitutivo (constitutionnelle) en el enfermo (malade: paciente) donde pueda leerse el grado de su curabilidad…” ((Les paso la continuación.)) Este “en el enfermo” es entonces capitalizado por Abraham (mis à l’actif d’Abraham).

Siento haber desarrollado ante ustedes una historia tan larga, pero es para hacer el enlace entre lo que hace un momento yo llamaba el psicoanalista en sus actos de afirmación y el acto sintomático en el que yo ponía énfasis en el momento anterior (je mettais l’accent l’instant d’avant).

Pues ¿qué es lo que Freud nos porta en El Psicoanálisis de la Vida Quotidiana (Staferla: La psychopathologie de la vie quotidienne) a propósito justamente de los errores y propiamente de este tipo (espèce)? Es – nos lo dice él, y lo dice sabiamente – a propósito de tres errores que él comete (fait) en la interpretación de los sueños.

Él los enlaza (lie · lit: lee) expresamente al hecho de que en el momento en que él analiza los sueños en cuestión hay algo que él retuvo, puso en suspensión, del progreso de su interpretación, algo era retenido en este punto preciso.

Ustedes lo verán en el capítulo X [de la Psicopatología], que es el de los errores, a propósito de tres de estos errores, señaladamente: el de la famosa estación Marburg, que era Marbach; de Hannibal, que él transformó en Hasdrubal; y de no sé qué Medicis que él atribuyó a la historia de Venecia.

[(Staferla:) en Psicopatología de la vida cotidiana, son sacadas de La interpretación de los sueños; se trata de :
– Marburg/Marbach, p. 389 : No es en Marburg, sino en Marbach que Schiller nació. Cualquier estudiate alemán lo sabe y yo lo sabía igualmente. En también uno de esos errores que se escapan en el sueño como contrapartida de una alteración hecha intencionalmente fuera. Intenté explicar esos errores en mi Psicopatología de la vida cotidiana. Cf P.B.Payot. p.233
– y de Hasdrubal/Hamilcar Barkas, p. 175 : En la 1ª edición yo había escrito aquí Hasdrubal, error extraño que expliqué en la Psicopatología de la vida cotidiana (p.233) .
Lacan comete aquí él mismo un error, pues Freud evoca no Hannibal, sino el padre de Hannibal, al que nombra Hasdrubal (por el nombre de su hermano), en lugar de Hamilcar Barkas. En ese mismo capítulo, se observa (il est question) un tercer error (Zeus/Chronos/ Ouranos) que concierne, también, una cuestión (affaire) de generaciones.]

Lo que es efectivamente singular, es que siempre fue a propósito de alguna cosa en la que, en resumen, él retenía alguna verdad, que él fue inducido a cometer ese error. El hecho de que sea precisamente después de haber hecho esta referencia a la bella carnicera que era dificilmente evitable siendo (étant donné) que sigue un pequeño pasaje que está escrito así:

“Deseo de tener lo que el otro tiene par ser lo que uno no es (l’on est pas), deseo de ser lo que el otro es para tener lo que uno no tiene (l’on n’a pas), incluso deseo de no tener lo que se tiene (l’on a)…” etc.

es decir, un pasaje muy directo… un poco amplificado, debo decir, y amplificado de una manera que no mejora… de lo que escribí justamente en torno a esta Dirección de la cura, en cuanto a que (quant à ce qu`) se trata de esta función fálica.

Ahí está intocable el hecho de que es subgular que uno esté agradecido (reconnaissant), por ese error evidentemente, sino por la referencia irreprimible a mi nombre – incluso si uno lo pone bajo la rúbrica de no sé qué estorbo (achoppement) incomprensible por parte de alguien que habla del lenguaje ante todo, como dice la gente (comme on s’exprime) – ¿acaso no hay ahñi algo que nos hace interrogarnos?

¿Sobre qué?

Sobre lo que tiene que ver con esto: que respecto de un cierto análisis, de un cierto campo del análisis, uno no pueda – incluso apoyándose expresamente en lo que yo voy adelantando (avance) – hacerlo sino con la condición de renegarlo, diría yo.

Acaso de por sí solo no supone (pose) todo eso un problema que no es otro que el problema – en el conjunto – del estatuto que recibe el acto psicoanalítico de una cierta organozación coherente y que es, de momento, la que reina en la comunidad que se ocupa de ello.

Hacer esta obervación, manifestar el surgimiento, a un nivel que no es seguramente el del inconsciente, de un mecanismo que es precisamente es que Freud pone en evidencia (met en valeur) respecto del acto, no diré el más específico, sino específico de la nueva dimensión del acto que introduce el análisis, esto mismo – quiero decir, este acercamiento, y plantear su cuestión – esto mismo es un acto: el mío.

Les pido solamente perdón (pardon) que me haya tomado a mí, para finiquitarse (se clore), un tiempo que pudo parecerles esmesurado, pero que quisiera aquí introducir, es algo que me resulta (m’est) muy difícil de introducir ante una asamblea justamente tan numerosa, donde las cosas pueden reverberar (retentir: repercutir, tener repercusión, resonar) de mil maneras desubicadas (déplacées: desplazadas).

No quisiera sin embargo que quede desubicada (déplacée) la noción que quiero introducir, yo tendré sin duda que retomarla y en ese momento (là) ustedes verán su importancia. Ella no deja (n’est pas sans · n’est passant) de ser, desde hace mucho tiempo, bajo estas formas fundamentales que utilizo (clefs que j’emploie)… yo no haya anunciado su venida cierto día (venue un beau jour): Elogio de la tontería (connerie). Hace mucho que produje ese proyecto, la obra eventual, diciendo que después de todo, en nuestra éppoca, sería cosa merecida (à mériter) el éxito verdaderamente prodigioso del que uno puede sorprenderse que es el que hace que dure todavía en la biblioteca de [todos y] cada uno (tout un chacun) – médico, farmacéutico o dentista – El Elogio de la locura* de Erasmo que, sabe dios, ya no nos dice mucho (ne nous atteint plus).

[*(Staferla:) Didier Érasme : Éloge de la folie, Actes Sud, 2001, Collection  Babel.
L’Éloge de la Folie (titre grec : Morias Engomion (Μωρίας Εγκώμιον) , titre latin : Stultitiae Laus), est un essai écrit en 1509 par Érasme (en une semaine, pendant son séjour chez Thomas More dans la propriété que ce dernier avait à Bucklersbury) et imprimé d’abord en 1511. L’ouvrage est dédié à Thomas More, ce qui explique le jeu de mot du titre original, Encomium Moriae (Le titre grec Éloge de la folie peut également être compris comme Éloge de More). D’une rare violence contre les grands de son temps, Érasme échappa au bûcher grâce à ses amis haut-placés, et en se cachant derrière un masque (comme les bouffons de cour, seules personnes autorisées à l’insolence, parce que bossus ou infirmes ). Le masque qu’Érasme utilisa est celui de la folie qu’il fit parler à la première personne sur le mode de la prosopopée . [Staferla: Cf. aussi : « Moi la vérité, je parle. », Écrits, La Chose freudienne, p.409]

Elogio de la tontería sería sin duda [una] operación más sutil de llevar [a cabo] pues, en verdad, ¿qué es la tontería? Si la introduzco en el momento de dar el paso esencial concerniendo a o que es el acto analítico, es para hacer notar que no es una noción – decir lo que es, es difícil – es algo como un nudo en torno al que se construyen (édifient) muchas cosas y se delegan todo tipo de poderes, es sin duda algo estratificado, y uno no puede considerarlo como sencillo.

A un cierto nivel de madurez, si puedo decirlo, es más que respetable. Eso no es quizás lo que merece más de respeto pero es sin duda lo que se obtiene de ahí (ce qui en recueille).

Yo diría que ese respeto viene (relève) de un función particular, que está efectivamente ligada a que tenemos que poner aquí de relieve una función de desconocimiento, si puedo expresarme así, y si ustedes me permiten jugar (m’amuser) un poco, recordar: “él desconoce”, dicen, “¿acado no tenemos (il n’y a pas) ahí un criptomofema?

¿No sería al entenderlo (le prendre) en el presente que aparecería (surgirait) el estatuto solidamente establecido de la tontería? La gente siempre piensa (on croit toujours) que es un imperfecto: “él desconoce completamente (à plein tuyaux: a tubos llenos [argot])”, por ejemplo.

Pero es que en verdad, ahí está una expresión (terme) que, tal como la expresión “yo miento”, siempre pone trabas (fait obstacle) a ser empleado en el presente. Sea como sea, es muy difícil no ver que el estatuto de la tontería en cuestión en la medida en que es intituida sobre el “él desconoce” no reviste solamente el sujeto que dicho verbo conlleva (que le dit verbe comporte).

Hay ahí, en ese límite (abord), no sé qué de intransitivo y de neutro del género (du genre) “llueve” (Fr.: il pleut: él llueve [siendo “él” no personal) que da (fait) todo el alcance a dicho morfema.

Lo importante es: ¿él “desconoce” qué? Pues bien, es eso aquello por qué se distingue lo que llamaré la verdadera dimensón de la tontería. Es lo que ella “desconoce”, es algo que, en verdad, es lo que vale la pena ser afectado (mérite d’être affecté) por ese término, a saber, llamarse tontería (s’appeler la connerie).

La verdadera dimensión de la tontería es indispensable entenderla (à saisir) como siendo aquello con que tiene que vérselas el acto psicoanalítico. Pues si ustedes miran de cerca y señaladamente en esos capítulos que Freud nos pone bajo la rúbrica del menosprecio (méprise) y bajo la de los actos accidentales y sintomáticos, esos actos se distinguen todos [ellos], y cada uno [por su parte] (et tout un chacun), por una gran pureza.

Pero observen cuando se trata por ejemplo de la célebre historia de sacar (tirer) sus llaves delante de cierta puerta que es justamente la que no conviene. Tomemos los casos de qué habla Jones* porque [si] Freud mostró la significación y el valor de lo que puede tener este pequeño acto, Jones [por su parte] va a contarnos una historia que acaba así: “Me hubiese gustado sentirme aquí como en mi casa” (“J’aurais aimé être ici comme chez moi”: “Me habría gustado estar aquí tanto como en casa”).

[*Ernest Jones : Théorie et Pratique de la Psychanalyse, Paris, Payot, 1969, pp. 63-64 : « L’usage de clefs est une source féconde de faits de ce genre. J’en donnerai deux exemples.
Lorsque, chez moi, je suis distrait d’un travail absorbant par la nécessité de me rendre à l’hôpital pour une tâche de routine, je me trouve souvent en train d’essayer d’ouvrir la porte de mon laboratoire avec la clef de mon secrétaire, bien que ces deux clefs ne se ressemblent en aucune façon. Par cette erreur, j’ex­prime inconsciemment mon désir d’être chez moi plutôt qu’ailleurs.
Il y a quelques années, j’étais chargé de fonctions subalternes dans un institut dont la porte d’entrée était toujours fermée à clef, de sorte qu’il fallait sonner pour la faire ouvrir. À plusieurs reprises, je me suis surpris en train d’essayer d’ouvrir cette porte avec la clef de chez moi. Chacun des collègues faisant partie du personnel permanent de l’établissement, dont j’espérais faire partie, avait sa clef particulière, ce qui lui épargnait l’ennui d’attendre l’ouverture de la porte. Mon erreur exprimait mon désir d’être traité sur un pied d’égalité avec les autres, c’est-à-dire comme quelqu’un de la maison ». À noter que Freud, reprenant cette affaire de clés dans Psychopathologie de la vie quotidienne, (op.cit.) p. 175, y cite les deux exemples de Jones.]

Diez líneas después llegamos al cierre de otra historia que interpreta lo mismo: “Yo hubiese estado mejor en mi casa” (“J’aurais été mieux chez moi”).

¡No es lo mismo para nada! (Ce n’est tout de même pareil!)

De la pertinencia de la notación de esta función del lapsus, del fracaso (ratage), en el uso de la llave, en su interpretación fluctuante, equívoca, acaso no está la indicación – que ustedes encontrarán facilmente considerando miles de otros hechos reunidos en este registo y señaladamente los aproximadamente (quelque) veinticinco o treinta primeros que Freud nos coteja (collationne) – de que de algún modo, lo que el acto nos transmite es algo que él representa para nosotros (nous figure) sin duda de forma significante y para la cual el adjetivo que convendría sería decir que ella no es tan tonta… Ese es el interés fascinante de esos dos capítulos – pero de todo lo que intenta adaptarse a ello como cualificación interpretativa representa ya esa cierta forma de “desconocimiento”, de caída y de evocación – hay que decirlo (il faut bien le dire): en más de un caso aquí, radical de hecho – de lo que no puede entenderse sino como tontería (ce qui ne peut se sentir que comme connerie).

Incluso si hay en el acto… lo que no nos deja (fait) ninguna duda, pues [llegados] a este punto de surgimiento de lo que hay de original en el acto sintomático, no queda (fait) ninguna duda de que hay ahí una abertura, un rasgo de luz, algo inundante y que durante mucho tiempo no volverá a cerrarse (pour longtemps ne sera pas refermé).

¿Cuál es la naturaleza de este mensaje del que Freud nos subraya que, a la vez, él no sabe que él se da a él mismo y que, sin embargo, él se sostiene por el hecho de permanecer inconocido (il se tient à ce qu’il ne soit pas connu)?

¿Qué se esconde en última instancia (au dernier terme) en ese extraño registro que, al parecer (semble-t-il), no puede ser retomado en el acto psicoanalítico sino bajando (à déchoir) de su propio nivel?

Es por eso que yo quisiera hoy introducir, antes de irme (vous quitter), este término escurridizo (glissant), este término escabroso que, en verdad, no es facilmente manejable en un contexto social tan amplio, teniendo en cuenta el tono (la note) de insulto, de injuria y de peyoración que se asocia (s’attache: se engancha) en la lengua francesa a esta extraña palabra: “le con” (:el tonto).

…que, entre paréntesis, no es hallable (trouvable) ni en el Littré ni en el Robert, solamente [en] el Bloch et von Wartburg – siempre honorable (toujours honneur à lui) – nos da su etimología: cunnus – latín. Sin duda, para desarrollar lo que es en francés esta palabra “con”, sin embargo tan fundamental en nuestra lengua y en nuestros intercambios, es un caso justamente (c’est bien le cas) en que el estructuralismo tendría la oportunidad (lieu) de articularse [a partir] de lo que liga, uno al otro, la palabra y la cosa (le mot et la chose).

¿Pero cómo hacer[lo]?

Si no es introduciéndola aquí (sinon à introduire ici), no sé cuál sería la interdicción a los “menores de dieciocho años”, ¡a menos que sea a los mayores de cuarenta!

Es sin embargo de eso que se trata, y alguien cuyas palabras tenemos en un libro que se distingue por la muy especial – jamás, creo, nadie hizo esta observación – ausencia de la tontería, a saber los evangelios, dijo:

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.*

[*(Staferla) Le Nouveau Testament, op. cit., Matthieu, 22, 21 ; Marc 12, 17 ; Luc, 20, 25.]

Observen naturalmente que nadie jamás se ha dado cuenta de que es absolutamente grande (énorme) decir: “Dad a Dios” lo que él puso en juego (ce qu’il a mis dans le jeu), pero ¡qué más da! (qu’importe)

Para el psicoanalista, la ley es distinta. Es: “Dad a la verdad lo que es de la verdad, y a la tontería lo que es de la tontería.”

Pues bien, no es tan sencillo, porque ellas se recubren y, si hay una dimensión que es propia del psicoanálisis, no es tanto la verdad de la tontería sino la tontería de la verdad.

Quiero decir, que puestos a un lado (mis à part) los casos en que podemos aseptizar – lo que viene a ser (revient à dire) asexuar – la verdad – es decir, a no hacer nada más con ella – como en lógica – que un valor V que funciona por (en) oposición a un F – dondequiera que la verdad esté puesta en (est en prise sur) otra cosa, y señaladamente en nuestra función de ser hablante (être parlant), la verdad se halla puesta en dificultad, de la incidencia o algo que es el centro en lo que yo designo en este caso (dans l’occasion) por el térrmino de tontería, lo que quiere decir aquí – les mostraré el próximo día que Freud lo dice también en el mismo capítulo, aunque cualquiera lo pasa por alto (quiconque le laisse passer):

que el órgano que da, si puedo decirlo, su categporía al atributo de qué se trata, es justamente marcado por lo que llamaré una inapropiación particular para el (à la) goce,

que es de ahí que toma su importancia (relief) aquello de qué se trata, en concreto el carácter irreductible del acto sexual a cualquier realización verídica,

que es de eso que se trata en el acto psicoanalítico, pues el acto psicoanalítico sin duda se articula a otro nivel y lo que, a ese otro nivel, responde a esa deficiencia que experimenta la verdad de su acercamiento (aproche) al campo sexual, ahí está aquello que él nos hace interrogar en su estatuto.

Para sugerirles de qué se trata, tomaré un ejemplo: un día recogí de la boca de un chico encantador (un charmant garçon) – que tenía todos los puntos (droits) para [ser] lo que se llama un tonto – la siguiente anécdota.

Había sufrido un infortunio (il lui était arrivé une mésaventure): él tenía encuentros con una novia que le había dejado como a un trapo viejo. (qui l’avait laissé tomber comme une crêpe).

“Entendí, me dice, que de nuevo era ‘una mujer de no recibir’.” (une femme de non recevoir)

A esto lo llamaba así (il appelait ça comme ça). ¿Qué es esta encantadora tontería? Pues él lo decía así, del fondo de su corazón (de tout son cœur). Él había escuchado la sucesión de (se succéder) tres palabras, él las aplicaba. Pero supongan que él lo hubiese (ait) hecho expresamente, sería un rasgo espirituoso (trait d’esprit), sería un Witz!

En verdad el único hecho que les aporto, que yo lo lleve al campo del otrA hace de ello un rasgo espirituoso, efectivamente. Es muy gracioso (drôle), para todo el mundo, menos (sauf) para él, y para aquél que lo recibe, cara a cara, de él. Pero desde [el momento en] que uno lo cuenta, es extremadamente divertido (amusant).

De manera que uno no tendría motivo, de hecho (tout à fait tort), para pensar que el tonto carece de gracia (esprit: espíritu, carácter espirituoso), incluso si es por una referencia al otrA que esta dimensión se incorpora (s’ajoute: se añade). En resumen (pour tout dire), lo que tiene que ver con nuestra posición respecto de esta historieta divertida es exactamente siempre aquello con qué tenemos que vérnoslas cada vez que se trata de darle forma (mettre en forme) lo que captamos (saisissions: entendemos, percibimos, capturamos) como dimensión, no al nivel de todos los registros de lo que pasa (se passe) en el inconsciente, sino muy propiamente hablando en lo que destaca en (ressortit à) en el acto analítico. Yo quería simplemente introducir hoy este registro sin duda, lo ven, escabroso. Pero, lo verán, es útil.

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